Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

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Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jun 04, 2009 12:36 am

Bueno... pues ya que está el subforillo sin inaugurar, que da penica el pobre llorando voy a inaugurarlo... Y puesto que dice Hara que sobre todo caben fics y fanart, pos voy a publicar EL fic que tantos desvelos (y también, por qué no, tantas alegrías) me ha dado.

Aka se presenta pleased to meet la "utora" del afamado, aclamado, defenestrado, pirateado, publicado y nunca bien ponderado "Final alternativo de Harry Potter" (o sea, yo burlarse )
Harry Potter
Y LA SOMBRA DE LA SERPIENTE





LA CRÍTICA HA DICHO... (Y no bajo coacción, que conste):





"Estoy superenganchadisisisisisisisisima!!!!"



"Escribes mejor que la Rowling (Vamos a asesinarla) Tu lo vales, tia wena"



"En vez de estudiar pal examen estuve leyendo tu fic descosiamente!!!!"



"Esta historia esta genial, me esta dejando en el chasis: ya no como, ni estudio, ni duermo, y dejo media hora plantado a mi novio para leer maaaaaas. jejejeje. Pos eso q esta mu bien, es la obra de arte q todo el mundo debería tener en el salón de su casa al lado de la biblia satanica y del quijote."



"Dios estoy super-hiper-megacosmica enganchadisimaaaaaaa!!! Jeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!! Necesito mi ración diariaaaaa!!! Jaaaaaaa, dame unos capítulos pa ponermeeeeee!!! Ya llevo 230 paginas o así, creo q estoy al borde de la enfermedad y la locuraaaaa!!!"



"Me parece que Rowling no te va a poder superar, pobrecilla, de cabeza a la depresión."



"Es espectacular!!!! Me ha encantao! En general esta muy pero q muy bien, muchas aventuras, has tocado todos los temas y has cerrado todo lo que estaba en el aire. En cierto modo pienso q habiendo leído tu historia quizás no me guste la verdadera."



"Felicidades. nini, cuando sari dice que el final que escriba rowling no nos va a gustar tanto... tiene razón. Tenias que haber sido tu la hacedora de esta historia... y convertirte en la mujer mas rica de Europa, mas que la reina de Inglaterra."



"Me mordía los muñones"


"¿Para cuando tu libro?"


burlarse


Última edición por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 1:33 am, editado 1 vez
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jun 04, 2009 12:41 am

Spoiler:






— CAPÍTULO 1 —
Privet Drive nº 4






El sol se había ocultado unos minutos antes detrás de los edificios bajos e idénticos, después de colgar durante un buen rato como una bola roja, deslumbrante, sobre Privet Drive. El aire cálido del anochecer brillaba fantasmagórico bajo los últimos rayos del sol, rojos como la sangre, que inundaban la calle desierta antes de dar paso a la oscuridad de la noche. El tinte sanguinolento de la luz que precedía al anochecer se mezclaba en un collage sin sentido con las luces provenientes de las ventanas de las casas, dorada e inmóvil en alguos puntos, cambiante y multicolor donde las ventanas dejaban salir el reflejo de la luz parpadeante de un televisor, formando figuras y dibujos imposibles de distinguir sobre el asfalto. Apenas se oía ningún sonido, aparte del ruido lejano de los televisores, una radio que emitía un programa musical a dos o tres casas de distancia, el rugido de algún coche que pasaba esporádicamente y los gritos de una madre llamando a sus hijos a cenar. En la ventana del primer piso del número cuatro un joven observaba la calle.

Era difícil adivinar lo que pensaba sólo por su mirada. Los verdes ojos, tras las gafas redondas, miraban por la ventana con una expresión dura y fría, sin molestarse en apartar el mechón de cabellos negros que caía sobre uno de sus ojos, ocultando en parte la cicatriz en forma de rayo que brillaba tenuemente en su frente. La mirada de aquellos ojos desmentía su edad: era la mirada de quien ha vivido demasiado en muy poco tiempo. El único que podía saber lo que Harry Potter pensaba mientras veía cómo caía la oscuridad sobre la calle era Harry Potter.

Sin embargo, un minuto después de uno de sus fríos ojos cayó una lágrima, que rodó, húmeda y ardiente, hasta su barbilla. Harry levantó una mano y se apartó el pelo de la frente, y su mirada se endureció aún más al rozar con la muñeca la gota que había recorrido su mejilla derecha, surcando la tenue marca rojiza, como la señal dejada por un latigazo, que cruzaba su rostro. La marca de su última lucha a muerte.

Se apartó de la ventana y recorrió con la mirada la que hasta entonces había sido su habitación. Recordaba perfectamente el día que había trasladado sus escasas pertenencias hasta allí. Durante diez años había dormido en una alacena bajo la escalera de la casa de sus tíos, y éstos le habían permitido mudarse al segundo dormitorio de su primo, Dudley, a cambio de no leer la única carta que le habían enviado en su vida. De poco les había servido... Pocos días después, cuando cumplió once años, había leído aquella carta de todas formas, gracias a la amenazante figura del semigigante que había hecho de cartero. Lo que había leído, y lo que Hagrid le había contado, había cambiado su vida para siempre.

Y lo que comenzó en aquella pequeña isla azotada por la tormenta la noche que Harry descubrió que era un mago le había llevado hasta ese momento, en el que permanecía en el que había sido su dormitorio durante seis años, esperando a que llegase la medianoche, esperando para salir por aquella puerta y no volver a entrar.

Contrariamente a lo que solía suceder cuando estaba en casa de los Dursley, su habitación estaba bastante ordenada: el baúl preparado y cerrado, encima de él la jaula con la lechuza blanca como la nieve encerrada, la escoba de carreras apoyada junto a ella. No había rastro de prendas de vestir, de libros, de plumas, de rollos de pergamino diseminados por la habitación, e incluso la cama estaba hecha, con las sábanas dobladas formando un pulcro montón. No pensaba darle a tía Petunia un motivo más para despreciarle: la habitación se la dieron llena de objetos rotos y descartados de Dudley, y él a cambio la iba a abandonar como si nadie hubiera dormido allí varios años.

Durante el último mes, paradójicamente, habían sido tres los habitantes de aquel dormitorio, para enojo de tío Vernon y de tía Petunia y terror absoluto de Dudley: Ron Weasley y Hermione Granger, sus dos mejores amigos, habían decidido no despegarse de él ni siquiera en verano y se habían autoinvitado a pasar los últimos días de minoría de edad de Harry con él, en casa de sus tíos. Había sido un momento realmente gracioso cuando tío Vernon y tía Petunia, que no habían ido a buscarle a la estación al volver del colegio porque no sabían que iba a volver ese día, habían abierto la puerta del número cuarto al llamar Harry al timbre.

La primera y desagradable impresión al ver a Harry en el jardín dos semanas antes de lo previsto no fue nada comparada con la impresión que se llevaron al comprobar que le acompañaban dos compañeros suyos de colegio. Tío Vernon y tía Petunia siempre habían negado que Harry estudiase en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, y no les hacía gracia que los vecinos comprobasen que Ron y Hermione no eran, precisamente, los alumnos que uno podría esperar encontrarse en el Centro San Bruto para Delincuentes Incurables. Y menos gracia aún les había hecho comprobar, de forma muy elocuente, que Ron y Hermione se negaban a marcharse de aquella casa hasta que Harry cumpliera diecisiete años. El temor a que montasen un escándalo cuando les expulsaran de su vestíbulo quedó completamente olvidado cuando aquellos dos jóvenes magos les explicaron, sin levantar la voz pero varita en mano, que ellos dos ya eran mayores de edad, que ellos dos sí podían utilizar la magia fuera de Hogwarts y que no dudarían en utilizarla si los Dursley se empeñaban en no invitarles amablemente a pasar una temporada con ellos.

Ron había pasado el mes entero con Harry, evitando a los Dursley todo lo que podía. Hermione, por el contrario, se había empeñado en ayudar a tía Petunia a sobrellevar mejor la estancia prolongada de dos jóvenes con buenos estómagos. Los gritos de Petunia Dursley cuando sus platos empezaron a fregarse solos pasarían a formar parte de las leyendas urbanas de Little Whinging. Aunque más divertida aún había sido la cara de Dudley al descubrir, cuando volvió del colegio, que su casa había sido ocupada por un grupo de magos que no tenían ningún problema en acabar el trabajo de Hagrid y convertirlo en un cerdo completo si se pasaba de la raya. Ron había asumido como una tarea suya personal hacerle la vida más difícil a Dudley Dursley, y había conseguido que sus hermanos Fred y George le pagasen un sueldo a cambio de probar todos los nuevos artículos de broma que iban desarrollando. Aquello hizo que la salud de Fred y George mejorase notablemente (al no tener que probar ellos mismos todos los productos), que la salud económica de Ron también mejorase considerablemente (regateando, les había sacado a Fred y a George dos galeones por artículo probado), que la salud de Dursley se resintiera perceptiblemente (los productos de Fred y George no eran precisamente saludables, al menos en esa etapa de la investigación), y que Harry aprendiera a reír a carcajadas otra vez.

Sin embargo, Ron había tenido que marcharse dos días antes a La Madriguera a petición de su hermana Ginny, que aseguraba que su madre se estaba volviendo loca y la estaba volviendo loca a ella también. Al parecer, la señora Weasley no llevaba nada bien tener que preparar una boda, y los últimos días antes del enlace de Bill, su hijo mayor, y Fleur, una bruja francesa de belleza increíble y acento catastrófico, estaban siendo una locura. De modo que Ron, después de asegurarle a Harry que cuando pasase la boda le daría igual lo que Ginny dijera y volvería con él, había partido de Privet Drive en el Autobús Noctámbulo, para alivio de Dudley.

Hermione, por su parte, había recibido una carta de sus padres la noche anterior y también había tenido que marcharse. Los padres de Hermione eran muggles, como los Dursley, y le habían pedido a su hija que fuese con ellos al entierro de su abuela. Hermione le prometió a Harry que se reuniría con él dos días después y se Desapareció en dirección a Londres.

De modo que Harry se había quedado solo en Privet Drive el último día antes de marcharse para siempre de aquella casa donde tan malos momentos había pasado. Al día siguiente, a las doce de la noche en realidad, cumpliría diecisiete años, la mayoría de edad en el mundo mágico, y desaparecería la única razón por la que había tenido que pasar su infancia con sus tíos: la protección mágica que cubría la casa y que protegía a Harry de su mayor enemigo, Lord Voldemort. La protección mágica que había puesto sobre aquella casa Albus Dumbledore.

Al pensar en el antiguo director del colegio Harry todavía sentía un retortijón de dolor en el estómago. Dumbledore, el mago más grande y poderoso que había conocido, más grande incluso que Voldemort, había muerto hacía poco más de un mes. Había muerto delante de Harry.

Harry se había preguntado en un primer momento si el hechizo de protección que Dumbledore había puesto, con la renuente colaboración de tía Petunia, sobre Privet Drive desaparecería al morir él, del mismo modo que había desaparecido la maldición inmovilizadora que le había impedido ayudarle, o morir con él. Sin embargo, durante aquel mes nada le había hecho pensar que ya no estuviera a salvo en aquella casa. Y suponía que, en caso de estar desprotegido, Voldemort no habría desaprovechado la oportunidad de matarlo...

A partir de las doce, sin embargo, Harry tendría que andar con cuidado. Por eso no pensaba esperar más tiempo para marcharse de allí; no sólo porque no soportaba vivir con los Dursley, sino también porque suponía que, en caso de que Voldemort le atacase, allí no tendría ninguna posibilidad de salir con vida. Y, pese a lo odiosos que fueran sus únicos parientes, no deseaba que Voldemort les matase a ellos también para llegar hasta Harry. Ya había muerto demasiada gente por interponerse entre Harry y Voldemort, o incluso por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, como para que Harry desease que hubiera más muertes por su culpa.

Después de la muerte de Dumbledore, Harry se había jurado a sí mismo que nunca volvería a permitir que otra persona librase sus batallas. Él era quien tenía que matar a Voldemort, y ya no había nadie entre Voldemort y él; nadie volvería a proteger a Harry, nadie moriría por impedir que Voldemort acabase con él. El siguiente en morir a causa de esta lucha personal entre Voldemort y él sería uno de los dos.

A menos, por supuesto, que por el camino se encontrase con Severus Snape... el que había sido su profesor de Pociones durante cinco años y de Defensa Contra las Artes Oscuras el último curso... el que había sido compañero de colegio de James, su padre, y Sirius, su padrino... el que había propiciado la muerte de James y Lily Potter al contarle a Lord Voldemort la profecía que señalaba a Harry como el único capaz de matar a Voldemort... el miembro de la Orden del Fénix, antiguo mortífago, en quien Dumbledore había confiado hasta su último minuto de vida. El que había levantado la varita y había asesinado a Dumbledore a sangre fría.

Ni siquiera en sus sueños había conseguido que aquella escena saliera de su mente. El horror, la impresión, la furia y el odio más amargo todavía inundaban el estómago de Harry cuando se recordaba a sí mismo, inmóvil, invisible, incapaz de hacer nada más que observar cómo el rostro de Snape se contorsionaba de odio y desprecio al mirar a Dumbledore, caído en el suelo, débil, desarmado, indefenso...

Severus...

Otra lágrima resbaló por su mejilla y cayó al suelo, del mismo modo que el cuerpo de Dumbledore había caído desde lo alto de la Torre de Astronomía cuando le golpeó la Maldición Asesina de Snape. Dumbledore había suplicado.

Severus... por favor...

Y Snape, en quien confiaba tanto como para enfrentarse a todo el resto del mundo mágico, le había matado.

Harry no pensaba ir en busca de Snape, porque sabía que lo que tenía que hacer era perseguir y matar a Voldemort. Pero cuando todo aquello acabase... o si se lo encontraba por el camino...

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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jun 04, 2009 12:41 am

Spoiler:


Un camino que, ahora lo sabía, no iba a seguir por donde todos esperaban. Su idea había sido terminar los estudios en Hogwarts (sólo le quedaba un curso) y después, si todo salía bien y conseguía las calificaciones necesarias (y también, por qué no decirlo, si el Ministro de Magia olvidaba que estaba muy enfadado con él por negarse a ayudarle), estudiar los tres años necesarios para convertirse en auror, en cazador de magos tenebrosos a cuenta del Ministerio de Magia. Y, de hecho, hacía días que le había llegado la carta en la que le informaban de que, pese a lo ocurrido hacía unas semanas, el camino que había elegido seguía abierto para él:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA




Estimado señor Potter:

Como ya debe saber, debido a los eventos ocurridos en el Colegio durante las últimas semanas del pasado curso la Dirección del Centro se planteó en un primer momento clausurar la Escuela hasta que se pudiera garantizar plenamente la seguridad de los alumnos y del profesorado.

Sin embargo, el Consejo Escolar de Hogwarts, a quien corresponde en última instancia tomar una decisión de ese calibre, ha decidido mantener abierto el Colegio, a pesar de la mancha en su historial que supusieron los eventos a los que anteriormente hacía referencia. El Ministerio de Magia se ha comprometido a incrementar la seguridad del Centro, y las normas de funcionamiento del mismo han sido revisadas y endurecidas para asegurar que todos los alumnos y profesores puedan contar con una seguridad superior, si eso es posible, a la que puedan tener en sus propios hogares.

El Consejo y la Dirección comprenden que algunos de los alumnos puedan elegir no acudir al nuevo curso escolar en esta situación; en esos casos, garantizamos que dichos alumnos seguirán disponiendo de una plaza en Hogwarts, de la que podrán tomar posesión en siguientes cursos para retomar sus estudios.

En caso de querer acudir a Hogwarts este año, le recordamos que el inicio del curso escolar está previsto para el próximo 1 de septiembre. El Expreso de Hogwarts saldrá de la estación de King´s Cross a las once en punto de la mañana, andén nueve y tres cuartos.

Atentamente,
Minerva McGonagall
Directora




No tenía intención de hacerlo. Ya tendría tiempo de estudiar cuando matase a Voldemort, o, en caso contrario, no importaría que no tuviera terminados los estudios, porque estaría muerto... Pero no iba a esconderse en Hogwarts. Ya se habían acabado esos tiempos en los que era un niño al que había que mantener con vida y a salvo encerrado en el castillo. Harry iba a terminar la tarea que Dumbledore le había encargado, y para ello no necesitaba estar en Hogwarts supervisado y vigilado por la profesora McGonagall, sino justo lo contrario. El trabajo al que se enfrentaba ya era de por sí suficientemente complicado como para tener que darle explicaciones a la directora del colegio.

Y, de cualquier forma, llamar "eventos" al asesinato del director a manos de uno de los profesores...

El medallón, la copa, la serpiente, algo de Ravenclaw o de Gryffindor... Harry seguía repitiendo y repitiendo aquellas palabras, como si en ellas residiera también el secreto de su escondite y sólo con decirlas, en algún momento, se le revelaría dónde tenía que buscar esos objetos.

Esa era la tarea que tenía que llevar a cabo antes de enfrentarse con Voldemort... porque en esos cuatro objetos, y en otros dos que ya habían sido destruidos (el anillo, el diario), residía hecha pedazos el alma de Voldemort. Por eso no se le podía matar: porque su alma no estaba entera dentro de su cuerpo. Y ese era el secreto que Dumbledore le había confesado antes de morir: el secreto de cómo matar a Voldemort.

Aún quedaba mucho por hacer, sin embargo. Tenía que encontrar esos cuatro objetos, el medallón, la copa, la serpiente, algo de Ravenclaw o de Gryffindor, y después sortear las protecciones mágicas que Voldemort hubiera puesto sobre ellos y destruirlos. Sabía que la serpiente estaba con Voldemort, de modo que ese objeto en particular tendría que dejarlo para el final, a menos que tuviera mucha suerte. Pero el resto...

Se sacó del bolsillo un medallón de oro, liso, pequeño, parecido a un relicario. Dumbledore había muerto a causa de los peligros que habían tenido que superar para conseguir aquel colgante. Si no hubiera bebido aquella poción horrible, en la cueva donde Voldemort había escondido su Horcrux, Draco Malfoy no habría tenido ninguna posibilidad de desarmarlo. Y todo había sido para nada: aquel medallón no tenía parte del alma de Voldemort en su interior, no tenía nada.

Nada, excepto el pequeño trocito de pergamino que demostraba que la muerte de Dumbledore había sido inútil:

Al Señor Tenebroso:
Sé que estaré muerto mucho antes de que leas esto, pero quiero que sepas que fui yo quien descubrió tu secreto. He robado el Horcrux auténtico e intentaré destruirlo tan pronto como pueda.
Me enfrento a la muerte con la esperanza de que cuando te encuentres con la horma de tu zapato serás mortal de nuevo.
R.A.B.




Después de todo lo que había ocurrido aquella noche, Harry no había pensado mucho en aquello. Pero ahora que el dolor no se había mitigado pero sí podía pensar con más claridad, Harry sabía que aquel pergamino tenía mucha importancia. Porque debía encontrar el verdadero Horcrux, y no tenía más pista que esa notita que nunca llegaría a su destinatario, que Lord Voldemort nunca leería.

Y bueno... la nota estaba bastante clara, no había mucho que adivinar. Evidentemente, R.A.B. conocía a Lord Voldemort, sabía su secreto, sabía que tenía el alma dividida, y también debía saber lo de la profecía... Porque, si no, ¿por qué decía lo que decía en el último párrafo? Harry sabía, y por una vez Hermione estaba de acuerdo, que al hablar de "la horma de tu zapato" se estaba refiriendo a él.

Sabía lo de los Horcruxes, sabía lo de la profecía, conocía a Voldemort... ¿Quién sería R.A.B.? Tendría que adivinarlo para encontrar el medallón de Slytherin, y entonces sólo le quedaría descubrir el escondite de otros dos...

La tarea era enorme, inmensa, desmesurada, pero Harry no tenía más remedio que llevarla a cabo, no sólo porque la profecía le señalase a él como el único que podía hacerla, sino también porque no había nada que desease más que matar a Lord Voldemort.

Las farolas de la calle ya hacía rato que se habían encendido, y Harry dejó de pasearse por la habitación y consultó su reloj. En menos de una hora tendría diecisiete años, en menos de una hora sería mayor de edad, en menos de una hora se iría para siempre de aquella casa, en menos de una hora comenzaría la cacería que acabaría con su muerte o con la muerte de Voldemort.

Acarició el medallón y volvió a guardárselo en el bolsillo. Ron y Hermione le habían prometido iniciar con él aquel camino oscuro y tortuoso al que se enfrentaba, pero sabía que, al final, los últimos pasos los tendría que dar a solas. Pese a que sabía que Lord Voldemort, aún con sólo una séptima parte de su alma en el cuerpo, era mucho más poderoso que él, no estaba especialmente asustado ante la idea de enfrentarse cara a cara con su peor enemigo: para bien o para mal, todo aquello tenía que acabar. Porque, si bien Voldemort había elegido disgregar su propia alma, Harry no había tenido elección: todo lo que había sucedido, todo lo que había comenzado aquella noche, en Cabeza de Puerco, cuando Sybill Trelawney profetizó su nacimiento frente a Albus Dumbledore y Severus Snape lo escuchó, todo había sucedido al margen de la voluntad de Harry. Y sabía que hasta que no terminase el trabajo no podría tener una vida.

Esa era la única elección que había hecho al respecto... Acabar, acabar con todo, dejar de esconderse y enfrentarse a Voldemort. Porque Voldemort no iba a dejar de perseguirlo, no iba a dejar de intentar matarlo, no le iba a dejar vivir en paz. Aquella aventura ya le había costado las vidas de sus padres, de su padrino, del director de su colegio, incluso la vida de Cedric, que no había tenido nada que ver con él. Y también, en parte, le había costado su propia vida, porque no sólo no había tenido una infancia normal por culpa de Voldemort, sino que, una vez llegado a la edad adulta, tampoco se atrevía a tener una vida normal. Había tenido que dejar a Ginny, Ginny, en quien ni siquiera se atrevía a pensar, por miedo a que Voldemort leyera su mente... Y todo porque Voldemort intentaba llegar hasta él a través de los que más quería.

Bien, en ese caso los Dursley no deben correr mucho peligro, pensó, burlón, al oír un ronquido especialmente fuerte proveniente de la habitación de su primo, Dudley. Y, hablando de los Dursley... ya iba siendo hora de salir de allí.

Miró de nuevo su reloj. Las doce menos dos minutos. Iba a tener que contar los segundos... Sonrió, recordando la última vez que había contado los segundos que faltaban para su cumpleaños. En ese momento no esperaba que, al dar las doce, un gigante llamase a la puerta y cambiase su vida para siempre... Lo único que pensaba era que quizá podría despertar a Dudley para molestarlo. Y, bien pensado, no era tan mala idea... Su sonrisa se hizo más amplia al imaginar la cara de su primo si le despertaba para despedirse de él.

Treinta segundos... ¿Y si les dejaba una nota, mandándoles al cuerno? Bah, pero eso sería un gasto innecesario de pluma y pergamino... Los Dursley ya sabían que Harry les mandaba al cuerno sin necesidad de perder el tiempo escribiéndoselo. Diez segundos... En cuanto dieran las doce iba a salir de allí disparado, y al cuerno con ellos.

Las doce.

Harry respiró profundamente, y se detuvo frente a su baúl. Sacó la varita. Sonrió de nuevo. Una pena que no hubiera podido hacer magia en esa casa hasta este momento... La vida podría haber sido muy interesante en Privet Drive con una varita en la mano.

Locomotor Baúl.

El baúl se elevó en el aire, con la jaula de Hedwig encima, y flotó, esperando las órdenes de Harry. Ni se molestó en echar una última mirada a su habitación: Harry cogió la Saeta de Fuego, que no le cabía en el baúl, y, con un movimiento de varita, ordenó al baúl que saliera por la puerta.

El rellano de la escalera, y toda la casa, en realidad, estaba a oscuras. Harry pensó: "Lumos", y su varita se encendió al instante. Volvió a sonreír. Ahora que podía utilizar la magia fuera de Hogwarts, la vida podría ser mucho más fácil... si no fuera porque tendría que utilizarla para cosas mucho más peligrosas y siniestras que transportar su equipaje o iluminar la escalera.

Bajó las escaleras detrás del baúl, cuidando de mantenerlo en posición horizontal para que la jaula de Hedwig no resbalase. La lechuza era muy digna, y no le gustaba que la maltratasen. Si su jaula caía por las escaleras el escándalo que armaría sería capaz de despertar no sólo a los Dursley sino a todo Little Whinging.

Llegó al piso de abajo y recorrió el vestíbulo de puntillas, dirigiendo el baúl en dirección a la puerta bajo la luz tililante de la varita. No sabía exactamente a dónde iría, aunque la idea de dejarse caer por La Madriguera no le disgustaba en absoluto. Pero no se preocupó por eso en este momento. Iba a salir de allí, y el resto no importaba. Cuando estuviera en la calle ya pensaría...

— ¿Harry?
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jun 04, 2009 12:42 am

Spoiler:


Su corazón dio un brinco que estuvo a punto de hacerle perder la concentración y tirar el baúl y la jaula de la lechuza. Sorprendido, miró a su alrededor. La luz de la cocina se encendió: allí, recortada sobre la blancura inmaculada del alicatado de las paredes y de la enorme nevera, estaba tía Petunia.

— ¿Puedes venir un momento, por favor?

Aturdido, Harry no se movió. Tía Petunia debería estar en la cama desde hacía horas... Nunca se quedaba levantada hasta tan tarde. ¿Qué demonios hacía allí, completamente vestida, a estas horas? Harry la observó, con la varita apuntando todavía hacia el baúl para que no dejase de levitar. Tía Petunia tenía el mismo aspecto que siempre, alta, rubia, delgada, con el cuello excesivamente largo y los pequeños ojillos relucientes, observadores, en busca de los detalles más nimios. Nada en su apariencia podía explicar que sus hábitos horarios hubieran cambiado tan de repente.

— Ven... Quiero hablar contigo, por favor — dijo tía Petunia.

¿Por favor? Harry no recordaba ni un sólo momento, en los últimos dieciséis años (el tiempo que llevaba viviendo con los Dursley), en el que uno sólo de ellos le hubiera pedido algo "por favor". Más aturdido todavía, Harry entró en la cocina, con cuidado de que el baúl lo siguiera sin rozar las paredes ni el techo. A la luz de la lámpara fluorescente, Harry vio que tía Petunia tenía una expresión extraña, inquieta, casi avergonzada. Asombrado, se quedó allí, de pie, inmóvil, esperando...

Tía Petunia dirigió una mirada nerviosa en dirección al baúl, que flotaba en el aire tranquilamente. Encogiéndose de hombros, Harry hizo un giro de muñeca y lo posó en el suelo.

— Gracias — dijo tía Petunia, lo cual dejó a Harry aún más atónito.

Se quedaron allí un buen rato, mirándose el uno al otro, sin decir ni una palabra. Harry se inquietó: ya habían pasado las doce, y allí ya no estaba seguro... No quería retrasarse, de modo que abrió la boca para preguntarle a tía Petunia qué quería. Pero ella se le adelantó.

— Te... te vas, ¿verdad?

Señaló el baúl y la jaula de Hedwig. Harry desvió la mirada hacia su equipaje, y después volvió a mirar a tía Petunia. Se encogió de hombros.

— Sabía que te irías ahora, que no esperarías a mañana — dijo tía Petunia, y esbozó una débil sonrisa —. Desde que... desde que ese hombre nos dijo que, cuando cumplieras diecisiete años...

Harry volvió a encogerse de hombros.

— No sabía que supieras cuándo es mi cumpleaños — dijo.

Tía Petunia se ruborizó, dio media vuelta y se sentó en una silla junto a la mesa. Miró a Harry directamente a los ojos.

— Claro que sé cuándo es tu cumpleaños — dijo —. Eres mi sobrino.

Harry esbozó una sonrisa irónica.

— No sabía que supieras que soy tu sobrino.

Levantó de nuevo la varita y apuntó hacia su baúl, pero tía Petunia le detuvo con un ademán.

— No... espera, por favor. No te vayas.

Harry se giró hacia ella, con la misma mirada dura que tenía un rato antes, mientras miraba por la ventana.

— No pretenderás que me quede aquí a vivir... — soltó una carcajada amarga, sin pizca de humor —. Ni de broma. Ya he tenido bastante.

— No... — tía Petunia parecía más avergonzada que nunca, y en sus ojos brillaba algo que Harry tomó por un sentimiento de inseguridad —. No, yo sólo...

— Mira — la interrumpió Harry —, aquí ya no estoy seguro. Lord Voldemort puede aparecer en cualquier momento para matarme, y no creo que quieras tener mi cadáver en tu cocina después de...

— ¿Lord...? —. Tía Petunia se había quedado completamente blanca.

— Sí, ya sabes — dijo Harry —. Ese que mató a mis padres. También quiere matarme a mí. Bueno, de hecho en realidad sólo quería matarme a mí, pero... — hizo un ademán indiferente —, no creo que te interese la historia.

— Harry... — tía Petunia lo miró, asustada, pálida, pero directamente a los ojos —. Harry, sé que no... que no has sido muy feliz aquí, con nosotros...

— Menuda novedad — se mofó Harry, impaciente por marcharse lo antes posible.

— Pero... escucha — continuó tía Petunia —. ¿No podrías... no podrías olvidarte de esa gente, de ese colegio, y quedarte? Quiero decir... — vaciló —. Si... si te quitas de en medio, a lo mejor Lord... Lord Voldemort... se olvida de ti, y no te mata... Podrías esconderte aquí un tiempo...

Harry la estudió un momento, y después, siguiendo un impulso, se acercó a la mesa y se sentó en otra silla.

— ¿Qué sabes tú de Lord Voldemort? — preguntó.

Tía Petunia evitó su mirada.

— Yo... Bueno — dijo, insegura —, sé que es un m.. mago, y que no es bueno...

— Vaya eufemismo — dijo Harry, sonriendo socarronamente. Decir que Lord Voldemort no era bueno era casi una broma.

— Mató a tus padres — continuó tía Petunia —, y ha matado a mucha gente, ¿no? Y... bueno, y según la... la carta de aquel hombre — el estómago de Harry se contrajo de dolor —, es posible que también quiera matarte a ti... Por eso tuvimos que quedarnos contigo.

— No es que sea posible que quiera matarme a mí — dijo Harry —. Es que tiene que matarme.

Tía Petunia se quedó tan blanca que, a su lado, la nevera casi parecía de color crema.

— ¿Tiene que...?

— Escucha — dijo Harry. Le parecía increíble ir a decir lo que estaba a punto de decir, pero en ese momento le parecía lo más apropiado —. Lord Voldemort mató a mis padres, pero en realidad lo que quería era matarme a mí. Y sigue queriendo matarme porque soy lo único, lo único — repitió —, que se interpone entre él y el poder absoluto. Te aseguro que no va a olvidarse de mí, aunque me esconda.

— ¿Lo único...?

— Sí — asintió Harry —. Yo soy el único que puede matarle. Y por eso quiere matarme a mí antes de que lo consiga.

Tía Petunia abrió mucho los ojos, asustada. En aquel momento se parecía de forma asombrosa a Luna Lovegood.

— Pero, entonces... entonces... — tragó saliva.

— Sí — dijo Harry —. Voldemort no descansará hasta que acabe conmigo. Y yo no descansaré hasta que lo haya matado.

Tía Petunia guardó silencio. Harry podía oír los engranajes de su cerebro funcionando a toda velocidad, tratando de descubrir una forma de retirar la invitación a que se quedara a vivir allí. Sonrió.

— Tía — dijo —. No me voy para esconderme de él... me voy para buscar la forma de matarlo.

Tía Petunia se quedó en silencio unos minutos. Después suspiró, y esbozó una sonrisa débil y triste.

— Tu madre habría hecho lo mismo — dijo. Harry abrió mucho los ojos, asombrado; tía Petunia jamás hablaba de la madre de Harry —. Sí... A ella también le gustaba enfrentarse de cara a los problemas. En... en el colegio, antes de que recibiera la carta de... la carta de tu colegio, siempre era así... No permitía que nadie hiciera algo injusto, o... — se encogió de hombros —. Siempre me defendía. Y yo...

Y, para asombro de Harry, una lágrima resbaló por la mejilla de tía Petunia.

— Cuando ellos murieron, tu padre y ella... Yo... Bueno — hizo una mueca —, no sabía que su mundo estuviera en guerra, pero sí sabía que tenían problemas. Había... había oído hablar a Lily y a ese... a tu padre...

— James — dijo Harry, enojado —. Se llamaba James.

— Sí... — tía Petunia sonrió, triste —. James. Bueno, yo no sabía exactamente lo que ocurría, pero sé que tu... James le comentó a Lily algo... Acerca de ese Lord Voldemort. Por lo que oí, ellos dos eran de los que luchaban contra él... Y pensé que sería mejor alejarme de ellos todo lo posible, si es que estaban metidos en algo peligroso —. Se encogió de hombros —. Cuando tú apareciste en la puerta, yo... Bueno, no puedo decir que no me lo esperase, porque sabía que Lily estaba metida en algo peligroso, pero... La carta...

— ¿Qué decía la carta? — preguntó Harry. Hacía tiempo que sentía curiosidad por lo que Dumbledore les hubiera dicho a los Dursley la noche en que lo adoptaron.

— Bueno... Decía que Lily y su marido...

— James — insistió Harry.

— ...que Lily y James habían muerto a manos de Lord Voldemort, un m—mago tenebroso, y que tú habías conseguido derrotarlo — hizo otra mueca —, no se sabía cómo... Sin embargo, también decía que era posible que ese m—mago volviera, y que tú necesitabas protección... También explicaba no sé qué de la sangre de mi hermana...

— Un hechizo — dijo Harry —. Para que yo estuviera protegido aquí. Pero no fue con la sangre de mi madre...

— ...fue con la mía — terminó tía Petunia.

Harry se la quedó mirando, atonito. Tía Petunia sonrió.

— Oh, sí — dijo —. Aquello no se lo conté a Vernon... Cuando leímos la carta, decidimos quedarnos contigo, pero destruir esa carta para que tú no acabases siendo igual que mi hermana. A mí nunca me gustó la magia...

— No lo jures — masculló Harry.

— ...y la destruímos, claro, pero Vernon se fue a trabajar... Y entonces apareció aquel hombre.

— ¿Dumbledore? — preguntó Harry, incrédulo.

— Sí... ese que vino el verano pasado a recogerte. El que te protege tanto...

— Ya no — dijo Harry, y sintió que una mano le retorcía el intestino —. Está muerto.

— ¿Muerto? — susurró tía Petunia, pálida.
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jun 04, 2009 12:44 am

Spoiler:


— Sí — contestó Harry —. Murió el mes pasado. Lo mató... lo mataron los mortífagos.

— Mortí...

— Los seguidores de Lord Voldemort — explicó Harry.

— Sí, lo sé — dijo tía Petunia, para asombro de Harry —. Vaya... Bueno, el caso es que vino y me explicó otra vez todo lo de la carta, y me preguntó si yo quería que tú te quedases aquí con nosotros. Yo... — esbozó una sonrisa avergonzada —, yo no quería, Harry, esa es la verdad... Pero ese hombre me dijo que si no te quedabas aquí era muy posible que murieses, y entonces... — se encogió de hombros —, bueno, le dije que sí. Yo no soportaba a mi hermana, pero no quería que muriese. Y tampoco quería que murieses tú, claro... Así que él me pidió que aceptase hacer el... el hechizo ese, porque dijo algo así como que con mi sangre...

— Sí, la sangre de mi madre — dijo Harry —. Ella había derramado su sangre por mí, y tú eras su única familia...

— Eso — asintió tía Petunia —. Dijo que había una forma de convertir mi sangre en... no sé, una especie de escudo, o algo... Y me pidió que se la diese.

Harry la miró, con los ojos muy abiertos. ¿Que tía Petunia le diese su sangre a Dumbledore? Aquello no tenía ningún sentido...

— Me hizo un corte — continuó tía Petunia en un susurro, aferrándose la muñeca derecha —, y luego me lo curó con la...

— Con la varita — la ayudó Harry.

— Sí... Y luego hizo algo muy raro, no sé, un hechizo o algo... Y hubo una luz... y después se marchó.

Harry no dijo nada. No era capaz de imaginarse a tía Petunia permitiendo que Dumbledore le hiciera un tajo en la muñeca para protegerlo a él. Y tampoco se imaginaba a Dumbledore, el mismo Dumbledore que había dicho que dar un tributo de sangre a una piedra era tosco, pidiéndole exactamente lo mismo a Petunia. Se sintió extraño. En todo aquello había algo que le molestaba, algo que su cerebro le decía que no estaba bien, que, cuando tuviese tiempo para recapacitar, no le gustaría demasiado.

— Yo... — siguió tía Petunia —, la verdad es que me dio miedo. No sé por qué lo hice, y decidí no contárselo a Vernon, por si se disgustaba porque yo hubiera aceptado participar en... en algo así...

— Sólo era un hechizo — dijo Harry, irritado —. Y se trataba de protegerme a mí, no creo que fuera para tanto...

Tía Petunia se encogió de hombros. — Pero ya no funciona, ¿verdad?... El... el hechizo...

— No — contestó Harry —. Lo cual me recuerda que sería mejor que me fuera de aquí lo antes posible.

Tía Petunia lo observó mientras se levantaba, con el rostro pálido y asustado.

— ¿A dónde vas a ir? — preguntó en un susurro.

— No lo sé — respondió Harry, encogiéndose de hombros —. A lo mejor me voy a casa de mi amigo Ron unos días, y después iré a casa de mis padres.

— ¿Vas a...? — tía Petunia tragó saliva —. Vas a perseguirle, ¿verdad?

Harry se detuvo a medio camino de la puerta, y dio media vuelta lentamente, para clavar los ojos en los de tía Petunia. Ella se encogió ante su mirada.

— Sí — dijo Harry con fiereza —. Voy a perseguirle. Y lo voy a matar.

Tía Petunia bajó la mirada.

— ¿Es por eso que has dicho de que eres el único...?

— No — la interrumpió Harry bruscamente —. Lo voy a matar porque quiero matarlo. Él mató a mis padres, mató a mi padrino, y ha matado a Dumbledore. Y yo, con profecía o sin ella, voy a matarlo.

— ¿Profecía...?

— Sí — dijo Harry, levantando la varita y agitándola en dirección a su baúl para que volviera a elevarse en el aire —. Hay una profecía que dice que soy el único que puede matarlo. Pero aunque no la hubiera, te juro que me lo voy a cargar.

Tía Petunia levantó la vista. Harry sintió que el corazón le daba un brinco de sorpresa al ver que tenía el rostro surcado de lágrimas.

— Ten cuidado — susurró tía Petunia, mirándolo a los ojos —. Ten cuidado, ¿de acuerdo? No... no dejes que te mate a ti también.

Harry sostuvo su mirada unos instantes, y después, lentamente, asintió.

— Y... y, cuando lo mates, vuelve y cuéntamelo.

Harry sonrió. Dio media vuelta y condujo su baúl hasta la puerta principal, que se abrió sin un crujido a una orden mental suya. Salió a la calle y respiró el suave y cálido aire nocturno. Dejó caer el baúl en el jardín de entrada, y se adelantó unos pasos para comprobar que no hubiera muggles mirando.

No había muggles. Pero sí había un hombre lobo.






Bueno... éste es el primer capítulo.He tenido que partirlo porque no me dejaba colgarlo entero en un post llorando llorando llorando ... Acepto críticas destructivas, y tened en cuenta que fue la primera novela que escribí, allá por antes de leer Juego de Tronos, ¿vale...? lol!
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Despacio, Ni, no pongas todos los capítulos hoy

Mensaje por Darth Syrio el Jue Jun 04, 2009 12:45 am

Ni, tómate un respiro y pon los capis poco a poco, que si no, los que leemos todo no nos vamos a acostar.

Ah, vale, acabo de ver en tu último mensaje que sólo vas a poner el primer capi. 🆒 Por un momento creí que te lanzabas y no parabas.

Un saludo

PD: Tengo ganas de leer la obra vilmente pirateada que puso el corazón en un puño a la Rowling. :twisted:

Edito
PD2: Tranquila, que no te despellejaremos mucho. : freddy: angel




Aprendiz gamberro de Rhayma, cuyos planes para que triunfe el Lado Oscuro de la Fuerza intento sabotear una y otra vez, con cómicos resultados.

Quise ser Rondador nocturno, pero no encontré el avatar adecuado de un tuno.
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jun 04, 2009 12:55 am

Sólo un capítulo... que si pongo más me apedreáis :furious:

Hala, ya me diréis :enrollao:
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Rhayma el Sáb Jun 06, 2009 1:29 am

Comentarios....pues el primer capítulo me ha gustado, Potter tiene mucha más personalidad que en las novelas de Rowling, tiene claro lo que tiene que hacer y porque tiene que hacerlo y no parece una hoja llevada por el viento. Que Ron y Hermione estén con Potter es lo lógico y no como hace JKRowling, que lo deja solo en medio de la nada en medio de una guerra....en fin, este inicio me parece mucho más coordinado y se nota que Harry ha madurado mucho. La conversación con Petunia es mucho más...autentica, y coñe parece por primera vez que tiene sangre en las venas y no horchata!!

Queremos más!!! bravo bravo bravo





How many eyes does Lord Bloodraven have? the riddle ran. A thousand eyes, and one.

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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 1:36 am

:enrollao:




Spoiler:




— CAPÍTULO 2 —
Fidelio



Harry se quedó clavado en el suelo, mirando fijamente al hombre que lo esperaba en la calle, frente a la puerta del número cuatro.

— Buenas noches, Harry — dijo Remus Lupin, sonriendo.

— Buenas noches — respondió, estupefacto —. Profesor Lupin, ¿qué hace...?

— Oh, venga, Harry — dijo Lupin, todavía sonriendo —. Hace ya más de tres años que no soy profesor tuyo. ¿Cuándo piensas empezar a tutearme?

Harry se encogió de hombros.

— Nunca se me había ocurrido — respondió.

— A Sirius le llamabas por su nombre — dijo Lupin, como si aquello fuera lo más lógico del mundo.

— Sí, bueno — dijo Harry —, él era mi padrino...

— Y yo era su mejor amigo — dijo Lupin —. No aspiro a ser tu padrino suplente, pero al menos podrías dejar de llamarme "profesor"...

— De acuerdo — dijo Harry, encogiéndose otra vez de hombros —. Remus — añadió —, ¿qué haces aquí?

— Oh, venga, Harry — se imitó a sí mismo Lupin, ensanchando su sonrisa —, ¿creías que no nos imaginábamos que te escaparías de casa de tus tíos en cuanto cumplieras los diecisiete? Por cierto, muchas felicidades — dijo, tendiéndole la mano para que Harry se la estrechase.

— Gracias — contestó Harry, aceptando la mano —. ¿Entonces? ¿Has venido a escoltarme a algún sitio, o algo?

— En realidad, sí — dijo Lupin —. Pero no pongas esa cara — añadió rápidamente —, no voy a obligarte a venir. Sólo es que me temo que necesitamos que vengas un momento a Grimmauld Place.

Harry abrió mucho los ojos.

— ¿Necesitáis...? ¿Por qué? — preguntó. No le hacía ninguna gracia que la Orden del Fénix siguiera insistiendo en vigilar todos sus movimientos, y menos gracia aún le hacía volver a la casa de Sirius... Su casa, ya que hacía un año que la había heredado —. Pensaba ir a La Madriguera, si los señores Weasley me invitan a pasar unos días...

— Oh, no te lo aconsejo — dijo Lupin, haciendo una mueca —. Están todos bastante revolucionados con la boda... Ya sabes, arreglando la casa y organizando el banquete y todo eso. Hasta la semana que viene que se casan Bill y Fleur yo no me acercaría por allí.

— Oh — dijo Harry, un poco abatido. No sabía exactamente lo que iba a hacer, pero lo que sí sabía era que no le apetecía en absoluto ir a Grimmauld Place nº 12. Aquella casa no le traía precisamente buenos recuerdos...

— Verás, Harry — continuó Lupin, y su sonrisa desapareció de pronto —. El año pasado, cuando... cuando murió Sirius, tú nos dejaste seguir utilizando su casa como sede. ¿Recuerdas...?

— Sí, claro — contestó Harry —. Y por mí podéis seguir usándola hasta...

— Es que hay un problema — le interrumpió Lupin.

— ¿Otro...? — Harry hizo una mueca —. ¿No será que Bellatrix Lestrange está empeñada en que es suya, ¿verdad?

— No, no — Lupin sonrió —. Eso quedó bastante claro hace un año. No, verás... Después de... después de... — Lupin parecía un poco incómodo, y también un poco triste —. Después de la muerte de Dumbledore, la protección mágica de la casa ha desaparecido.

— No es la única — dijo Harry con amargura, lanzando una mirada en dirección a la puerta de la casa de sus tíos —. ¿Pero qué quieres decir con...?

— El problema — continuó Lupin —, es que, al no tener Guardián Secreto, la casa vuelve a ser accesible... Eso no tendría por qué importar, porque la casa misma tiene bastante protección y podemos defendernos, aparte de que ya de por sí está bastante escondida, pero...

— ¿Pero...?

— Pero hay que tener en cuenta que hay una persona que conoce la localización de la casa, que sabe que es la sede de la Orden, que conoce toda su protección y que ya no está obligado a guardar secreto porque el Guardián Secreto está muerto — dijo Lupin.

— Snape — escupió Harry, sintiendo que el odio le abrasaba el pecho —. Snape lo sabe... claro.

— Sí — asintió Lupin, también con bastante amargura en la voz —. Snape sabe todos los secretos de la Orden. No podemos seguir en esa casa sin Guardián Secreto.

— ¿Y por qué no cambiáis de sede? — preguntó Harry —. A mí no me importa que la utilicéis, pero si ya no es un lugar seguro...

— Oh, bueno — dijo Lupin —, no es un lugar seguro desde la muerte de Dumbledore, claro, por eso este último mes no la hemos utilizado para nada, pero es el mejor sitio que hemos encontrado hasta ahora... Aparte de que es tu casa, Harry, y no me parece justo que no puedas disponer de ella por culpa de Snape. Ya sé que no quieres la casa — añadió —, pero que no puedas usarla por su culpa...

Harry no respondió. Sentía que, si hablaba, iba a soltar más tacos de los que se debían decir delante de un profesor, aunque hiciera tres años que no le diese clase y acabara de pedirle que le llamase de tú.

— Creo — continuó Lupin bajando la voz —, que Snape ya te ha quitado demasiadas cosas, como para permitir que también te quite la casa, Harry...

— Sí — dijo Harry fríamente —. Snape ya me ha quitado demasiadas cosas. Me quitó a mis padres. Me quitó mi infancia. Me quitó a Sirius, y a Dumbledore. Y le quitó demasiados puntos injustamente a Gryffindor como para que yo lo olvide fácilmente.

Lupin sonrió.

— Entonces, sabrás lo que hay que hacer...

— Sí, supongo — dijo Harry —. Habrá que crear a otro Guardián Secreto para que oculte mi casa. ¿Y? ¿Para eso me has venido a buscar? ¿Tengo que darte permiso, o algo? Ya sabes que no me importa lo que...

— No, no — dijo Lupin —, no se trata de eso, Harry. Verás... Hemos pensado que, vistas las circunstancias, y como la casa es tuya y todo eso, lo más apropiado sería que fueses tú el Guardián Secreto.

Harry lo miró fijamente, aturdido.

— ¿Yo...? — preguntó —. Pero... pero si yo no...

— La casa es tuya — repitió Lupin con firmeza —. Y Dumbledore confiaba en ti.

— No siempre — dijo Harry.

— Sí — dijo Lupin con firmeza —. Decía que tú... que tú eras la mejor baza que teníamos a la hora de luchar contra Voldemort. Eso, creo, es confiar en alguien... — sonrió.

— Yo no me fiaría de alguien simplemente porque Dumbledore confiase en él — dijo Harry con voz venenosa —. Mira lo bien que le fue por confiar en Snape.

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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 1:37 am

Spoiler:


Lupin bajó la cabeza.

— Me temo que incluso Dumbledore cometía errores, como muy bien dijiste tú mismo hace algún tiempo — dijo en voz baja —. Sin embargo, el hecho de que cometiera un error con Severus no quiere decir que...

— Ya lo sé — dijo Harry —. Pero... ¿pero por qué no ponéis de Guardián Secreto a otro? No sé, tú mismo podrías... O la profesora McGonagall...

— La profesora McGonagall está de acuerdo en que lo mejor es que seas tú, Harry — dijo Lupin —. De hecho, cuando se lo propuse ella también dijo que era lo más apropiado. Te lo repito: es tu casa, y si hay alguien en quien se puede confiar es en ti. Minerva tiene muchos problemas con el colegio, como ya habrás imaginado, y yo... Bueno, yo también tengo lo mío.

— ¿Tú también tienes que dirigir un colegio en crisis? — preguntó Harry, sonriente.

— No — Lupin le devolvió la sonrisa —. Pero me he creado un par de enemigos bastante curiosos en los últimos tiempos... Greyback no me deja en paz ni a sol ni a sombra, como te podrás imaginar.

— Sí, me lo imagino — dijo Harry, recordando con un estremecimiento al hombre maloliente y salvaje que había participado en el ataque a Hogwarts, hacía poco más de un mes —. ¿Y Tonks?

— Tonks tampoco quiere esa responsabilidad — dijo Lupin —. Y lo cierto es que la comprendo, Harry. Ahora que ya eres... que ya eres...

— Mayor de edad — le ayudó Harry.

— Entre otras cosas — asintió Lupin —. Bueno, Harry, lo normal, lo lógico, es que seas tú el que protejas tu casa.

Harry lo consideró un momento, y después se encogió de hombros.

— Sí — dijo al fin —, supongo que sí. Bueno... ¿y cómo se hace eso?

— Vamos a Grimmauld Place — dijo Lupin —. Allí hablaremos con más calma... Me temo que este lugar ya no es seguro.

— Ya, bueno — dijo Harry —. Y ninguno.

No pudo evitar la amargura de su tono. Sin embargo, Lupin sonrió.

— ¿Sabes Aparecerte? — preguntó.

— Sí — respondió Harry —. Pero sigo sin tener carné.

— Ah, bueno — Lupin sonrió más ampliamente —. No creo que el Ministerio venga a ponerte una multa a estas horas...

— Yo me lo creo todo — dijo Harry —. Scrimgeour no me tiene mucho aprecio, me temo.

— Ya, pero tampoco quiere que se le echen encima todos los magos y brujas del país por detener a "El Elegido" por Aparecerse sin carné...

Harry sonrió.

— No, no quedaría muy bonito en el periódico, la verdad.

Lupin cogió la jaula de Hedwig de encima del baúl de Harry y se la pasó. Él aferró el mango del baúl. Miró a derecha e izquierda para asegurarse de que no había muggles en la costa.

— Espero que no haya nadie mirando por la ventana. ¿Vamos allá?

— Probablemente mi tía — dijo Harry —, pero no importa, porque ella ya sabe que somos gente de mal vivir...

Lupin soltó una carcajada.

Harry se concentró. Recordaba, como si le hubiera pasado en otra vida, las lecciones de Twycross, el pequeño e insustancial mago del Ministerio... Odiaba la Aparición, aunque no se podía negar que era un método de transporte muy cómodo. Sintió la ya familiar sensación de estar constreñido en un tubo de goma muy estrecho, de que unas bandas metálicas le oprimían el pecho como una anaconda de mal humor... Aguantó estoicamente la sensación de asfixia, y, cuando ya pensaba que no iba a soportarlo más, de nuevo las bandas se abrieron, el tubo desapareció, y él se encontró de pie, con Hedwig en la mano, en mitad de una pequeña y familiar plaza. Las fachadas de las casas, destartaladas, con las ventanas rotas, la pintura descascarillada y los montones de basura acumulados al lado de las puertas... Harry se estremeció, y se dirigió hacia uno de los laterales de la plazoleta, seguido de Lupin, que se había Aparecido justo detrás de él.

— ¿Ves? — susurró Lupin. Harry asintió. Entre las puertas de los números 11 y 13, donde la última vez que vino no había habido nada, podía ver una puerta negra, con la pintura descascarillada, a la que se accedía por dos escalones de piedra. El llamador de plata tenía forma de serpiente enroscada.

Lupin sacó la varita y golpeó la puerta. Hubo varios chasquidos metálicos y apagados, y el repiqueteo de una cadena. La puerta se abrió.

— Rápido — susurró Lupin —. Este lugar es casi menos seguro que la casa de tus tíos. Snape podría presentarse en cualquier momento...

— Me encantaría — masculló Harry entre dientes.

Harry entró a la oscuridad casi absoluta del recibidor, seguido de Lupin, que cerró la puerta principal tras de sí. El lugar ya no olía como lo recordaba, a humedad, a polvo, a abandono: parecía que los dos años que la Orden del Fénix había pasado allí habían conseguido cambiar un poco el ambiente deprimente y tétrico de la casa, pero para Harry seguía siendo la casa más triste y angustiosa de la Tierra: más, incluso, que Privet Drive.

Agitó la varita sin esperar a que Lupin terminase de cerrar la puerta, y encendió las antiguas lámparas de gas de las paredes. El recibidor estaba muy cambiado: habían desaparecido las telarañas, el papel hecho jirones de las paredes y la gastada alfombra, así como la mayor parte de los retratos ennegrecidos que antes colgaban de las paredes. Seguían allí, sin embargo, las lámparas y candelabros labrados en forma de serpiente y las cortinas, sucias y desteñidas, que ocultaban el retrato de la madre de Sirius.

Sin una palabra, Harry siguió a Lupin escaleras abajo y a través de una puerta hasta la cocina subterránea, una habitación cavernosa con fuertes muros de piedra y gran cantidad de pucheros y ollas colgados del techo. Allí, sentados a la mesa de madera, había tres personas a las que Harry conocía muy bien.

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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 1:37 am

Spoiler:


— ¿Qué hay, Harry? — saludó, como siempre, Tonks; era una bruja joven, que aquel día tenía el pelo de color verde chillón y llevaba una camiseta de color naranja y unos desteñidos vaqueros negros. Harry sonrió; Tonks ya no parecía deprimida ni se había vuelto a dejar el pelo de color marrón arratonado. Eso seguramente quería decir que Lupin no había vuelto a cambiar de idea respecto a ella... o más bien a él.

— Buenas noches, Harry — dijo la profesora McGonagall. Harry no pudo evitar notar que estaba más delgada, que tenía más arrugas en el rostro y que su expresión parecía, si eso era posible, más severa que de costumbre. Y, sin embargo, el hecho de que le llamase por su nombre y no por su apellido quería decir, seguramente, que quería dejar a un lado por el momento el hecho de ser su profesora, la jefa de su casa y su directora.

— Buenas noches, profesora — respondió, y dirigió una mirada hacia el profesor Flitwick, que sonreía sentado al lado de la directora de Hogwarts.

La profesora McGonagall dirigió una mirada interrogante a Lupin, que asintió brevemente.

— Está de acuerdo — dijo Lupin.

— Bien — respondió la profesora McGonagall, y miró a Harry directamente a los ojos —. Harry, escucha. Ya te habrá contado Remus que necesitamos que...

— Sí — la interrumpió Harry —. El año pasado le dije al profesor Dumbledore que la Orden podía seguir utilizando esta casa como sede, y lo sigo manteniendo, profesora.

— Gracias — dijo la profesora McGonagall —. Pero, Harry, después de la muerte de Albus...

— Lo sé — volvió a interrumpir Harry —. Ya le he dicho al profesor Lu... a Remus — se corrigió —, que no tengo ningún problema en que haya otro Guardián Secreto, y que, si ustedes quieren que sea yo, tampoco me importa... Aunque, la verdad, no tengo ni idea de en qué consiste ese encantamiento — se disculpó.

— Para eso está aquí Filius — dijo la profesora McGonagall, haciendo un gesto hacia el pequeñísimo profesor Flitwick —. Como profesor de Encantamientos, es un especialista en ese tipo de...

— No tanto, no tanto — dijo el profesor Flitwick con su vocecita chillona —. El Encantamiento Fidelio es complicadísimo, me temo... y se necesita mucho poder para poder realizarlo.

— Pues entonces estamos apañados — dijo Harry en voz baja. Sin embargo, la profesora McGonagall le oyó.

— No digas tonterías, Potter — dijo severamente —. Tienes poder suficiente para realizarlo, lo único que necesitas es saber cómo hacerlo.

Harry no respondió. Era bastante obvio que no sabía cómo hacer ese encantamiento. No entraba precisamente en el temario de estudios de Hogwarts... al menos no de los seis primeros cursos.

— ¿Y cuándo voy a aprender a hacerlo? — preguntó. No tenía muchas ganas de pasarse el verano encerrado en aquella casa, estudiando un encantamiento de los de tirarse de los pelos. Si ya había tenido problemas con el Encantamiento Convocador, no quería ni pensar en lo que podía tardar en aprender el Fidelio...

— Ahora — dijo firmemente la profesora McGonagall —. Sé que es muy tarde, y que estarás cansado, pero hasta que no ocultemos de nuevo la casa no es seguro que nadie se quede aquí, y tú menos que nadie.

Harry asintió. Si McGonagall y Flitwick, que le habían dado clase durante seis años (y se habían desesperado muchas veces cuando no pillaba los hechizos con la rapidez que ellos consideraban apropiada) pensaban que podía aprenderlo aquella noche, entonces no debía ser tan terrible. Y, quién sabe... a lo mejor ese hechizo le resultaba útil en algún momento.

— Bien — dijo Flitwick con voz aguda —. En ese caso será mejor que saques la varita...

Harry siguió las instrucciones del profesor Flitwick, aprendiendo la extraña fórmula mágica que le enseñaba. Era cierto, no había aprendido jamás un encantamiento tan complicado... Se sentía incapaz de realizar a la vez el florido movimiento de muñeca con el que se suponía que tenía que abarcar toda la casa, recitar las palabras mágicas, y concentrar toda su atención en guardar toda esa información dentro de su mente... Después de tres cuartos de hora, se dejó caer sobre una silla, abatido.

— No puedo — dijo.

— Claro que puedes — contestó la profesora McGonagall —. Es imposible que algo así te salga a la primera...

— Tampoco es tan importante — dijo Harry —. Si no puedo hacerlo yo, hágalo usted, la casa estará igual de segura...

— Harry — dijo Lupin, sentándose a su lado —. Te he visto aprender a hacer un patronus con trece años. Te aseguro que eres muy capaz de hacer este encantamiento, sólo necesitas un poco más de concentración...

— Sí — chilló Flitwick —. Y...

— ...practicar — terminó la frase Harry, con una sonrisa. Era lo que Flitwick les decía siempre a Ron y a él, en casi todas las clases de encantamientos. Suspiró. Iba a echar de menos Hogwarts...

Se levantó, con la varita en la mano.

— Bueno — dijo —. Si tengo que hacer esto, lo mejor es hacerlo lo antes posible.

Y siguió intentando lo que Flitwick le decía que hiciera, con el mismo resultado. Giro, gancho, círculo... Promitto fidelitatis... giro, vuelta... Lorica fidele...

— Lo importante — chillaba Flitwick — es que te concentres... No tanto el movimiento ni las palabras como saber lo que quieres conseguir... Tienes que estar decidido a ocultar la casa en tu mente...

— Sí, como la Aparición, ¿no? — respondió Harry, cansado —. Destino, Decisión, Deliberación...

— Pues sí, exactamente eso — intervino Lupin —. Conseguiste Aparecerte, ¿no?...

Harry lo miró fijamente un instante, y después asintió.
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 1:38 am

Spoiler:


Cerró los ojos. Destino... acoger toda la casa en el interior de su mente. Decisión... ocultar la casa en su mente, entera, sólo allí, para que nadie más supiera dónde estaba... Deliberación... que la casa esté oculta mágicamente dentro de mi mente...

Promitto fidelitatis — dijo, en un tono que más que un conjuro era un juramento de fidelidad. Y bien, es lo que se suponía que debía ser... Levantó la varita e hizo un giro de muñeca que, en su mente, conectaba toda la casa y todo su contenido —. Lorica fidele — dijo, y su varita volvió a girar, conectando lo que había conectado con su propia mente —. Non sua sponte spondeo —. E hizo un último giro, rodeándose su propia cabeza con la varita.

En ese instante sintió que algo le golpeaba, y se tambaleó hacia atrás, hasta caer contra la pared. No podía abrir los ojos, no podía moverse. Echó la cabeza hacia atrás, mientras una oleada de poder, una onda expansiva similar a la de una bomba atómica, recorría todo su cuerpo. En su mente, justo detrás de sus párpados cerrados, comenzaron a girar imágenes sin sentido, tan rápidas que no podía asimilarlas. No era doloroso: pero comprendió que su cerebro no era capaz de albergar tanta información. Era demasiado, era imposible, era abrumador... Soltó un gemido, y cayó al suelo.

Un instante después la habitación dejó de dar vueltas, y Harry se quedó muy quieto, arrodillado, con las manos apoyadas en el suelo, la cabeza colgando entre los brazos. Podía sentir la fría piedra del suelo en las palmas, pero nada más: no había ni un sonido. Abrió los ojos, y levantó la cabeza lentamente.

La cocina seguía exactamente igual que hacía... ¿un minuto? ¿media hora? ¿una noche?, y sus cuatro ocupantes lo observaban con distintas expresiones de desconcierto y desorientación.

— ¿Qué ha pasado, Harry? — preguntó Lupin.

— No... no lo sé — dudó Harry —. ¿No lo he conseguido?

Nadie contestó. Harry sacudió la cabeza, mareado.

— ¿Lo he conseguido? — repitió.

No recibió respuesta. Harry levantó la mirada, atónito.

La profesora McGonagall, el profesor Flitwick, Tonks y Lupin lo observaban, indecisos, como si él tuviera que dar el siguiente paso. Pero él no sabía lo que tenía que hacer... ¿Había funcionado? ¿Le quedaba todavía una parte del encantamiento por hacer?

— ¿Qué... qué tengo que hacer ahora? — preguntó, vacilante.

Se limitaron a mirarle, sin decir nada. Harry los observó, asustado. Se suponía que tenía que ocultar una casa en su mente, no dejar a toda una habitación amnésica o muda... ¿Qué barbaridad había hecho?

— ¿No... no os acordáis? — preguntó —. El Encantamiento Fidelio...

Pero la profesora McGonagall pareció entenderlo en sólo unos momentos.

— Potter — dijo con su habitual tono severo —, ¿dónde estamos?

— ¿Dónde es...?

De repente lo comprendió. No había dejado a la habitación amnésica ni muda. Había funcionado. Él era ahora el Guardián Secreto de la casa... Y sólo él sabía dónde estaban. Era normal que estuvieran desorientados...

— De modo que ahora sólo yo... — empezó, impresionado.

— ¡Harry! — exclamó Lupin, impaciente.

— Sí, claro... Estamos en la sede de la Orden del Fénix.

— ¿Y eso está...? — insistió la profesora McGonagall.

— En Grimmauld Place nº 12, en Londres — contestó Harry.

Al instante, todos los ocupantes de la habitación se relajaron visiblemente. Tonks soltó una risita nerviosa, Lupin sonrió ampliamente, e incluso la profesora McGonagall se permitió el lujo de esbozar una sonrisa tensa. El profesor Flitwick parecía emocionado.

— ¡Muy bien, Potter, muy bien! — exclamó —. ¡Lo has hecho estupendamente!

— ¿Qué tal te encuentras? — preguntó Lupin, preocupado —. Te he visto caerte y he pensado que...

— No... no ha sido nada — contestó Harry —. Sólo la impresión, supongo...

— No es fácil esconder algo tan grande en una sola mente — dijo la profesora McGonagall —. No es extraño que te hayas caído.

— ¡Pero lo has hecho muy bien! — chilló Flitwick.

— Gracias — dijo Harry. Todavía estaba un poco desorientado, pero se alegraba de que todo aquello hubiera terminado. Igual que la Aparición, el Encantamiento Fidelio no le había gustado demasiado... aunque no era desagradable, como la Aparición; simplemente era abrumador.

— Bien — dijo Tonks, reprimiendo un bostezo —. Yo me voy a ir a dormir... Mañana me toca guardia en Elephant and Castle, y esas siempre son moviditas.

— ¿Mucha actividad mortífaga? — preguntó Harry.

— No — respondió Tonks —. Mucho bromista suelto, eso es lo que hay en esa zona. Pero Scrimgeour últimamente no me tiene mucho aprecio... Creo que le ha dicho a Gawain Robards que me destine a los sitios menos interesantes —. Sonrió —. Llamar "poco interesante" a Elephant and Castle es no conocer mucho a la gente que se mueve por allí... Supongo que me encontraré con Arthur, todos los días acaba pasando por allí por una cosa o por otra.

— Sí — asintió Lupin —. Es una zona conflictiva... Bueno, te acompaño — añadió, y se levantó de la mesa —. Harry, supongo que te quedarás a dormir aquí...

— Sí, claro — dijo Harry —. Ya no son horas de ir a ningún otro lado.

— Deberías irte a dormir — dijo Lupin —. Estarás cansado...

— Espera — intervino la profesora McGonagall —. Quiero hablar contigo antes de que te acuestes. Sé que es muy tarde — dijo al ver la expresión abatida de Harry —, pero no puedo asegurar que pueda venir otro día, y quiero hablar contigo antes de que empiece el curso.

Harry, que ya se había levantado, volvió a sentarse. El profesor Flitwick, por el contrario, saltó de su silla al suelo y se dispuso a marcharse.

— Buenas noches, Harry — dijo Tonks, bostezando —. Y a ti también, Minerva.

— Por cierto, Harry — dijo Lupin, poniéndose un raído jersey encima de la túnica parda —. En tu habitación hay unos documentos de Sirius, creo que, ya que estás aquí, sería mejor que los guardases en el banco, no vaya a ser que se pierdan.

— ¿Unos documentos de Sirius? — preguntó Harry, sorprendido —. ¿Qué son?

Lupin se encogió de hombros y se dirigió a la puerta.

— Ni idea — respondió —. Dumbledore me los dio para que los dejase en la casa, y, como eran tuyos, pensé que lo mejor era que estuvieran en tu cuarto hasta que tú decidieras dónde guardarlos.

— Buenas noches, Remus, Nymphadora, Filius — dijo McGonagall. Lupin y Tonks salieron por la puerta de la cocina. El profesor Flitwick se despidió con un ademán jubiloso y se Desapareció.

La profesora McGonagall soltó un suspiro.

— Sí, eso es otra de las cosas que tendremos que arreglar — dijo —. No me gusta que la gente vaya Apareciéndose y Desapareciéndose aquí... En fin.

Se giró y miró a Harry directamente a los ojos.



Hala, ahí tenéis el capítulo 2... vergonzoso
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Hara-sensei el Sáb Jun 06, 2009 1:48 am

Me lo voy a leer, Ni, aunque te advierto que yo soy una incondicional de Snape slurp .

Prometo hacer esfuerzos sobrehumanos para ser objetiva en mis comentarios .

Ni...

Por cierto... hello
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 1:50 am

Estoy convencida de que, al final, me lo agradecerás lol!


angel
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Hara-sensei el Sáb Jun 06, 2009 1:58 am

A ver, a ver....

Lo leo mañana, Ni, que estás no son horas y esta tarde me han quitado una muela llorando.

Sí, sí, ya sé.... esto es .

Vale, me callo.
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 2:30 am

pobre... No te preocupes, el fic no se va a mover de aquí mal fario
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Rhayma el Sáb Jun 06, 2009 3:03 pm

Leído, pero tengo una duda...te puedes aparecer en una casa que tiene el encantamiento fidelio?

En cualquier caso me ha gustado mucho :enrollao: ...donde está el dos?





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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 3:34 pm

Antes de "Deathly Hallows" nadie había dicho lo contrario, así que opté por la calle de enmedio

Ése era el dos, Rhayma... aluego pongo el tres, si quieres :enrollao:
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Rhayma el Sáb Jun 06, 2009 4:59 pm

Eso...me refería al tres... vergonzoso

Por cierto, no lo he comentado antes, pero la lectura es muy amena. Wink y mola mucho el estilo sarcástico de Harry :enrollao:





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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Hara-sensei el Dom Jun 07, 2009 12:34 pm

Leído hasta el capítulo 2 🆒 .

Me está gustando, la redacción es ágil y la lectura amena. Descripciones bastante detalladas y que te sitúan muy bien en el escenario en el que se va a desarrollar la escena. Los diálogos muy bien también. El personaje de Potter está bastante mejor trabajado que el de la JK ( bravo); tiene más profundidad. Muy bien plasmadas las personalidades de los demás personajes con un cambio de tercio respecto a tía Petunia, que se hace totalmente creíble tal y como está desarrollado. Bien gestionada la intriga (¿qué son esos documentos de Sirius? :ANS: ). Me ha gustado mucho la manera cómo se hace el hechizo del Fidelio pleased to meet.

Lo único es que.... ejem...., de momento Snape no está saliendo muy bien parado.... Errrr....., Ni, tú sabes que yo tengo una espada láser, ¿verdad? jedi vs sith .

Preguntas:

- La misma que Rhayma, lo de las apariciones y desapariciones de un lugar bajo el encantamiento Fidelio. Que vale, que no se diría nada al respecto en los libros anteriores, pero que es bastante obvio que no puede ser posible. De otra manera, ¿de qué serviría el Fidelio, entonces?

- Si Voldemort tiene una conexión especial con Harry y puede meterse en su mente, ¿por qué la Orden se empeña en que sea él el Guardián de su Cuartel General? ¿No es muy arriesgado? ¿No podría acceder Voldemort fácilmente a esa información a través de la mente de Harry?

Bueno guapa, ¿y para cuándo el tercer capítulo? Enga... súbelo ya, no seas rancia...
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Rhayma el Dom Jun 07, 2009 1:08 pm

Ratifico lo que ha dicho, no sólo tiene espada láser, sino también un cuaderno de la Muerte :ANS:

Queremos el 3!!!

Morsmordreeeeeee!!bruja





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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Hara-sensei el Dom Jun 07, 2009 1:52 pm

Rhayma escribió:Ratifico lo que ha dicho, no sólo tiene espada láser, sino también un cuaderno de la Muerte :ANS:

:twisted:

Rhayma escribió:Queremos el 3!!!

bravo
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Dom Jun 07, 2009 3:40 pm

Bueno, en lo que al Fidelio se refiere, la idea es que pueden Aparecerse y Desaparecerse SIEMPRE que estén incluidos en el hechizo, es decir, si el Guardián Secreto les ha desvelado la localización del sitio. Si no, obviamente, no podrían Aparecerse en la casa... No

En cuanto a lo otro, bien, es cierto que es arriesgado que Harry sea el Guardián Secreto, pero no es menos cierto que, después del 5º libro, Voldemort parece hber desarrollado un "yuyu" por todo lo que se refiera a trastear con la mente de Harry. Recordad que esto está escrito sin haber leído el 7º libro, useasé, la información que yo tenía era la que la Jotaká nos había dado hasta e 6º: parecía que Voldemort no iba a tener muchas ganas de seguir metiéndose´n´caboza de Harry affraid

Hara... Guarda el sable, guárdalo... :ANS:

Y, por petición popular... el tercer capítulo pleased to meet




Spoiler:


— CAPÍTULO 3 —
Hasta que no le quede nadie fiel



Harry sostuvo firmemente la mirada de la profesora McGonagall. Sabía lo que se avecinaba, y no quería mostrar ningún síntoma de inseguridad que pudiera darle a la profesora McGonagall armas para luchar contra su determinación.

— Potter — dijo ella, y Harry comprendió que de nuevo había asumido la posición de profesora, jefa y directora —, supongo que habrás recibido la carta en la que informábamos a los alumnos que Hogwarts iba a permanecer abierto este curso, a pesar de...

— Sí — contestó Harry.

— Bien — dijo la profesora McGonagall, mirando a Harry por encima de sus gafas cuadradas —. No he recibido tu lechuza contestando si pensabas ocupar tu plaza o no...

— No — dijo simplemente Harry. La profesora McGonagall siguió mirándolo fijamente un buen rato. Finalmente, suspiró.

— Lo imaginaba — dijo, y su habitual mirada severa se suavizó un poco —. Potter — añadió —, sé que después de la muerte del profesor Dumbledore ninguno de nosotros nos sentiremos a gusto en Hogwarts...

— No se trata de eso — la interrumpió Harry —. No es que no quiera volver a Hogwarts porque crea que no voy a poder soportarlo o algo así, profesora — dijo secamente —. Simplemente no puedo volver.

La mirada de McGonagall se hizo más curiosa.

— ¿Por qué...?

— Ya se lo dije una vez — dijo Harry —. No puedo contárselo. Lo siento.

La profesora McGonagall frunció el ceño.

— ¿Te refieres a lo que pasó... la noche que murió el profesor Dumbledore? — preguntó en voz baja —. ¿A lo que hicísteis los dos antes de... antes de que...?

— Entre otras cosas — contestó Harry —. Pero sí, tiene que ver con eso.

— Creo — dijo la profesora McGonagall en tono severo — que ya es hora de que me cuentes todo lo que ocurrió aquella noche, Potter.

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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Dom Jun 07, 2009 3:41 pm

Spoiler:


— ¡No me llame así! — exclamó Harry con fiereza. La profesora McGonagall abrió mucho los ojos, sorprendida —. Deje de llamarme "Potter" — añadió en un susurro preñado de furia —. Así es como me llamaba... como me llamaba...

Se calló, incapaz en ese momento de pronunciar el nombre de Snape. La profesora McGonagall, sin embargo, pareció comprenderlo, y su voz se suavizó.

— Harry — dijo —, comprendo que aquella noche estuvieras un poco... impresionado, por lo que había ocurrido. Todos lo estábamos — se apresuró a añadir al ver que Harry entrecerraba los ojos —. Pero creo que deberías contarme lo que ocurrió... si Dumbledore se dejó una tarea a medias, soy yo la que debo hacerme ahora cargo de ella.

— No — respondió Harry para sorpresa de la profesora McGonagall —. No — repitió en voz baja —. Dumbledore no dejó nada a medias... Simplemente comenzó una tarea que debería haber emprendido yo —. Hizo caso omiso de la expresión de asombro de la profesora McGonagall y continuó: — Esa tarea la tengo que terminar yo, profesora. Y el profesor Dumbledore me pidió que no le contase a nadie en qué consistía de modo que mi respuesta sigue siendo la misma.

Aguantó estoicamente la mirada penetrante de la profesora McGonagall, sin apartar los ojos. McGonagall lo escrutó unos minutos y después volvió a suspirar.

— Supongo — dijo —, que no puedes explicarme por qué tienes que ser tú, y no otro, el que debe terminar la tarea de Dumbledore...

— No — repitió Harry, y esbozó una sonrisa triste —. Aunque pensé que, a estas alturas, ya lo habría adivinado todo el mundo... De cualquier forma — se encogió de hombros —, ya le he dicho que la tarea no era de Dumbledore: él simplemente la empezó en mi lugar.

Hubo un silencio incómodo, durante el cual el único sonido que Harry podía captar era el crepitar del fuego en el hogar y el correteo distante de algún animalillo detrás del gastado rodapié que recorría la pared de extremo a extremo.

— Harry — dijo al fin la profesora McGonagall —. No voy a seguir insistiendo en que me lo cuentes, porque sé que crees que es importante para ti cumplir la promesa que le hiciste al profesor Dumbledore. Eso no significa que esté de acuerdo...

— No se trata sólo de cumplir la promesa que le hice al profesor Dumbledore — respondió Harry, negando con la cabeza —. Se trata de que tengo que hacerlo, y tengo que hacerlo yo, y nadie más va a hacer lo que es cosa mía. Dumbledore lo hizo porque yo no lo sabía; pero ahora terminar esa tarea depende de mí.

— Harry — dijo McGonagall mirándolo fijamente —, no sé de qué estás hablando, y por tanto no puedo decirte que estás en un error, pero...

— No lo estoy — la interrumpió Harry —. Fue Dumbledore el que me explicó que era yo el que tenía que hacerlo, y ahora que él ha muerto no me interesa la opinión de nadie más. Lo siento — se disculpó, temiendo haber sido demasiado brusco —, pero esa es la verdad.

— Ya — dijo la profesora McGonagall, apretando los labios —. De todo esto, deduzco que la noche que murió el profesor Dumbledore habíais ido a hacer algo relacionado con esa misteriosa tarea que dices que sólo tú puedes llevar a cabo...

Harry sonrió levemente.

— Sí — admitió, y su sonrisa se congeló al recordar todo lo que había ocurrido aquella noche: el agreste acantilado... la cueva de Voldemort... los aterradores Inferi... y la poción, la poción que Dumbledore había bebido, que él, Harry, había tenido que obligar a Dumbledore a beber —. En parte — susurró amargamente —, el profesor Dumbledore murió a causa de esa... "tarea". Una tarea que era mía — añadió con rabia.

— Creía — dijo la profesora McGonagall, enarcando una ceja —, que tú mismo habías dicho que el prof... que Snape había asesinado a Albus...

— Sí — asintió Harry reprimiendo la furia que le había asaltado al oír de nuevo el nombre de su ex profesor —. Pero si no... si no hubiéramos ido antes a... a lo que fuimos — sonrió al ver la frustración de la profesora McGonagall —, Draco Malfoy no habría tenido ninguna posibilidad de desarmarlo, ni de retenerlo hasta que llegaron los demás mortífagos...

Los labios de la profesora McGonagall temblaron levemente.

— ¿Crees que es culpa tuya? — susurró al cabo de unos segundos —. ¿Crees que... que Dumbledore murió por tu culpa?

Harry guardó silencio. Lo cierto era que aquella pregunta había dado demasiado cerca del blanco... Lo que llevaba carcomiéndolo por dentro desde hacía más de un mes, desde hacía más de un año a decir verdad, era que las últimas muertes que había presenciado le tocaban demasiado cerca. Y no sólo porque los muertos hubieran sido personas muy cercanas a él (Sirius, Dumbledore), sino porque tenía la marcada sensación de que ambos habían muerto por protegerlo a él. Más aún, sus padres también habían muerto por pretegerlo a él. E incluso Cedric Diggory, su antiguo compañero de Hogwarts, había muerto por estar a su lado en el momento equivocado en el lugar equivocado.

La profesora McGonagall parecía saber exactamente lo que estaba pensando, porque se enderezo las gafas y lo miró con tristeza.

— Harry — dijo en voz baja —. No sé qué estuvísteis haciendo el profesor Dumbledore y tú aquella noche, pero puedo asegurarte que, fuera lo que fuese, él lo hizo voluntariamente... Lo hizo porque quiso — insistió al ver la mueca de Harry —. Probablemente sabía a lo que se arriesgaba al hacerlo...

Harry no contestó. Recordaba perfectamente lo que Dumbledore había hecho, según la profesora McGonagall, voluntariamente... Tragó saliva, tratando de arrancarse el recuerdo de la mente.

— No quiero... No me obligues...

Harry miró directamente el rostro pálido que conocía tan bien, la nariz partida y las gafas de media luna, y no supo qué hacer.

— ...no me gusta... quiero parar... — lloriqueó Dumbledore.

— No... no puede parar, profesor — dijo Harry —. Tiene que seguir bebiendo, ¿recuerda? Me ha dicho que tenía que seguir bebiendo. Tome... —. Odiándose a sí mismo, sintiendo repulsión por lo que estaba haciendo, Harry obligó a la copa a volver hasta la boca de Dumbledore y la volcó, para que Dumbledore se bebiese el resto de la poción que quedaba dentro.

— No... — gimió, mientras Harry volvía a bajar la copa hacia la vasija y la rellenaba por él —. No quiero... no quiero... déjame irme...

Harry agachó la cabeza y la enterró entre sus manos, tratando por todos los medios de no llorar. Una mano helada le apretaba el estómago.

— Todo va bien, profesor — dijo Harry, con la mano temblando —. Todo va bien, estoy aquí...

— Haz que pare, haz que pare — lloriqueó Dumbledore.

— Sí... sí, esto hará que pare — mintió Harry. Vació el contenido de la copa en la boca abierta de Dumbledore. Dumbledore gritó: el sonido hizo ecos a lo largo de toda la vasta cámara, atravesando el agua muerta y negra.

— No, no, no, no, no puedo, no puedo, no me obligues, no quiero...

— ¡Todo va bien, profesor, todo va bien! — exclamó Harry a voz en grito, con las manos temblando tan violentamente que apenas pudo levantar la sexta copa llena de poción; la vasija estaba ya medio vacía —. No le sucede nada, está a salvo, esto no es real, le juro que no es real... tómese esto, venga, tómeselo...

Y, obedientemente, Dumbledore bebió, como si fuera un antídoto que Harry le ofrecía, pero después de vaciar la copa, cayó de rodillas, temblando incontroladamente.

— Todo es culpa mía, todo es culpa mía — sollozó —. Por favor, haz que pare, sé que me equivoqué, oh, por favor, haz que pare y nunca, nunca volveré a...

— Esto hará que pare, profesor — dijo Harry, con voz quebrada, mientras vaciaba la séptima copa de poción en la boca de Dumbledore.

Una lágrima ardiente rodó por la mejilla de Harry. Sacudió la cabeza.

Dumbledore se encogió como si unos torturadores invisibles lo rodeasen; al debatirse, su mano estuvo a punto de tirar la copa nuevamente llena de las temblorosas manos de Harry, mientras lloriqueaba: — No les hagáis daño, no les hagáis daño, por favor, por favor, es culpa mía, heridme a mí en vez de a ellos...

— Tome, beba esto, beba esto, se pondrá bien — dijo Harry desesperadamente, y una vez más Dumbledore le obedeció, abriendo la boca pese a que mantuvo los ojos fuertemente cerrados y temblaba de la cabeza a los pies. Y cayó hacia delante, gritando de nuevo, golpeando el suelo con los puños, mientras Harry llenaba la novena copa.

— Por favor, por favor, por favor, no... eso no, eso no, haré lo que sea...

— Sólo beba, profesor, sólo beba...

Dumbledore bebió como un niño muerto de sed, pero cuando terminó, chilló de nuevo como si le ardiesen las entrañas. — No más, por favor, no más...

Harry levantó una décima copa llena de poción y notó que el cristal arañaba el fondo de la vasija. — Ya nos queda poco, profesor. Bébase esto, beba...

Sujetó los hombros de Dumbledore, y una vez más, Dumbledore vació la copa; Harry se levantó de nuevo y rellenó la copa mientras Dumbledore comenzaba a gritar con más angustia que nunca. — ¡Quiero morir! ¡Quiero morir! ¡Haz que pare, haz que pare, quiero morir!

— Beba esto, profesor, beba...

Dumbledore bebió, y en cuanto terminó chilló: — ¡MÁTAME!

Avada Kedavra.

La voz de Snape.
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Dom Jun 07, 2009 3:42 pm

Spoiler:


— Harry — susurró la profesora McGonagall. Harry levantó la mirada desenfocada, tratando de ver a McGonagall entre la humedad que inundaba sus ojos. No se había dado cuenta de que estaba temblando. Tampoco se había dado cuenta de que la profesora McGonagall se había levantado de la silla y había rodeado la mesa hasta ponerse a su lado —. Harry...

En un gesto que Harry no recordaba haberle visto nunca a la profesora McGonagall, había posado una mano sobre el hombro, como si intentase consolarlo. La sorpresa apartó de su mente la horrible isla rodeada de Inferi sumergidos en agua negra.

— Harry — repitió la profesora McGonagall —, no sé qué...

— No me lo vuelva a preguntar — la interrumpió Harry, y se pasó bruscamente el dorso de la mano por el rostro.

— No... — la profesora McGonagall —. No — repitió con más firmeza —. Ya veo que no estás dispuesto a contármelo... En realidad, Harry — apartó la mano de su hombro y volvió a sentarse —, quería hablarte de otra cosa.

Harry no dijo nada. No hacía falta: sabía perfectamente de qué quería hablarle la profesora McGonagall. De hecho, ya lo había insinuado al principio.

— Respecto a lo de volver a Hogwarts...

— No — dijo Harry tajantemente —. No, profesora. No voy a volver.

La profesora McGonagall se puso tan tiesa que parecía que se le fuese a romper la columna.

— Potter — dijo, e hizo caso omiso del gesto de Harry —. No acabo de entender muy bien tus motivaciones, y supongo que no me las vas a contar — hizo un gesto elocuente —, porque deduzco que están relacionadas con esa tarea que te encomendó Dumbledore.

— No me la encomendó él...

— Como sea — le interrumpió la profesora McGonagall con severidad —. De cualquier forma, si no quieres contármelo tendré que esperar hasta que te dés cuenta de que es lo que tienes que hacer. Pero sí creo que deberías reconsiderar tu decisión de no volver a Hogwarts este curso.

Harry suspiró. Ya sabía que iban a llegar a aquello.

— Profesora — dijo —, si le he dicho que no puedo volver a Hogwarts es porque no puedo. Tengo que...

— Sí, ya — dijo severamente la profesora McGonagall —. Tienes que terminar la tarea que comenzó Dumbledore. Mira, Harry — lo miró por encima de las gafas —, como no sé en qué consiste no puedo decirte de qué forma puedes llevarla a cabo. Sin embargo, sí sé que la máxima prioridad de Albus siempre fue mantenerte a salvo, y en Hogwarts podemos...

— Mantenerme a salvo — repitió Harry con una sonrisa irónica —. Sí, eso es lo que hizo Dumbledore. Mantenerme a salvo. Y, sin embargo — elevó un poco el tono de voz al ver que la profesora McGonagall estaba a punto de interrumpirle —, él mismo fue el que me dijo que esta es mi tarea, y que soy yo el que tengo que hacerla. Y le aseguro, profesora — añadió, mirándola fijamente a los ojos —, que esta misión que tengo puede consistir en muchas cosas y muy variadas, pero no incluye precisamente "mantenerme a salvo".

La profesora McGonagall abrió mucho los ojos, asombrada.

— ¿Me estás diciendo — preguntó en voz baja — que todo eso que decía El Profeta... todo eso acerca de El Elegido... de que tú... tú...?

Harry bajó la mirada y no contestó. El asunto aquel de la profecía era algo que sólo sabían Hermione, Ron y él, ahora que Dumbledore había muerto. Y no tenía ni la menor intención de contárselo a la profesora McGonagall.

Ella permaneció en silencio unos instantes, evaluándolo con la mirada.

— Y tú crees — dijo McGonagall —, que venir a Hogwarts puede impedir que lleves a cabo esa misión, como tú la llamas...

Harry se encogió de hombros. — Desde luego, no me ayudaría en nada — respondió —. Y me haría perder el tiempo. Un tiempo que no quiero perder, y lo siento si soy demasiado franco.

No tenía la menor intención de esconderse de nuevo en Hogwarts mientras Voldemort y sus mortífagos seguían asesinando gente.

— Harry — la profesora McGonagall utilizó un tono poco habitual en ella, un tono que casi, casi, era amable —, si, como dices, tú eres el único que puede llevar a cabo esa tarea, sea la que sea, entonces mi prioridad, como fue la de Albus, es mantenerte a salvo para que puedas terminarla.

Harry chasqueó los labios.

— Mantenerme a salvo — repitió —. Pero es que yo no quiero que nadie me mantenga a salvo, profesora... — dijo con suavidad —. Ahora mismo lo que quiero no es mantenerme a salvo, lo que quiero es acabar con esto, y acabar con esto cuanto antes. Lo siento — dijo una vez más —, pero estudiar un curso más en Hogwarts no me acerca a ese objetivo, sino más bien todo lo contrario. Quién sabe... — se encogió de hombros —. Si consigo terminarla, y sigo con vida, quizá vaya a verla y le pida que me deje estudiar séptimo más adelante.

— Si sigues con vida... — susurró la profesora McGonagall.

Harry pensó que la profesora tragaba saliva, y se sorprendió aún más. Últimamente la inflexible McGonagall estaba dando demasiadas muestras de debilidad...

Pero un segundo después pensó que se lo había imaginado, porque la profesora retomó su expresión de severidad y volvió a enderezarse las gafas.

— Entonces estamos en un callejón sin salida — dijo ella frunciendo el ceño —. Tú no quieres volver a Hogwarts, y yo no puedo permitir que el señor Weasley y la señorita Granger se vayan del colegio antes de terminar sus estudios sólo por seguirte a ti.

Harry se quedó en silencio. Ante aquello no tenía respuesta: sabía que la profesora McGonagall tenía razón, porque él mismo llevaba todo el verano pensando exactamente lo mismo.

— Intentaré convencerlos para que vuelvan — dijo en voz baja.

La profesora McGonagall siguió taladrándole con la mirada.

— No servirá de nada — respondió ella al fin —. Creo que en estos seis años he llegado a conoceros a los tres bastante bien, Harry — añadió con una media sonrisa —. Sé que a ellos sí les has contado en qué consiste esa tarea tuya. No te culpo — dijo antes de que Harry pudiera abrir la boca —. Si crees que es tan importante guardar el secreto, supongo que antes de decírselo se lo consultarías al profesor Dumbledore. Y también sé que, si ellos saben que es una misión, como tú has dicho, que consiste en muchas cosas menos en mantenerte a salvo, ellos querrán compartir el peligro contigo.

Harry sostuvo su mirada con firmeza. La profesora McGonagall había deducido bien lo que ocurría, pero Harry no tenía nada que responder.

— No voy a volver a Hogwarts — repitió —. Si puedo convencer a Ron y a Hermione para que vuelvan, lo haré. Pero yo no voy a volver. Al menos, por ahora.

— Ya —. La profesora McGonagall levantó la mirada hacia el techo y pareció considerar su respuesta unos minutos. Después, suspiró —. Te propongo un trato, Potter.

— ¿Un trato?... — preguntó Harry, sorprendido.

— Sí — respondió McGonagall, y volvió a fijar la mirada en los ojos de Harry —. Ahora soy la directora, de modo que puedo hacer tratos con los alumnos si quiero, aunque si se entera el Consejo Escolar probablemente me meteré en un lío — sonrió.

Harry sonrió también, pero la suya fue una sonrisa agridulce. Quizás la profesora McGonagall se pareciera más a Dumbledore de lo que él había creído... El anterior director no había tenido ningún reparo en hacer cosas a espaldas del Consejo y del mismísimo Ministerio cuando lo había creído conveniente.

— Lo que te propongo — continuó McGonagall — es que vuelvas a Hogwarts... no, espera, déjame terminar — dijo al ver que Harry abría la boca para interrumpirla —. Tú vuelves a Hogwarts con el señor Weasley y la señorita Granger, y yo te doy permiso para salir de allí cada vez que consideres necesario para llevar a cabo esa "misión" tuya. Con el señor Weasley y la señorita Granger, si así lo quieren — añadió —. También te prometo prestarte toda la ayuda que necesites en esa tarea, algo que puede resultarte útil si, como dices, el profesor Dumbledore murió a causa de ella. Sin hacer preguntas — dijo cuando vio que Harry volvía a abrir la boca —. Si era importante para Albus, entonces tendré que confiar en que se trata de algo ciertamente importante.

Harry la miró sin parpadear durante unos instantes.
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

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