Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

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Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jun 04, 2009 12:36 am

Recuerdo del primer mensaje :

Bueno... pues ya que está el subforillo sin inaugurar, que da penica el pobre llorando voy a inaugurarlo... Y puesto que dice Hara que sobre todo caben fics y fanart, pos voy a publicar EL fic que tantos desvelos (y también, por qué no, tantas alegrías) me ha dado.

Aka se presenta pleased to meet la "utora" del afamado, aclamado, defenestrado, pirateado, publicado y nunca bien ponderado "Final alternativo de Harry Potter" (o sea, yo burlarse )
Harry Potter
Y LA SOMBRA DE LA SERPIENTE





LA CRÍTICA HA DICHO... (Y no bajo coacción, que conste):





"Estoy superenganchadisisisisisisisisima!!!!"



"Escribes mejor que la Rowling (Vamos a asesinarla) Tu lo vales, tia wena"



"En vez de estudiar pal examen estuve leyendo tu fic descosiamente!!!!"



"Esta historia esta genial, me esta dejando en el chasis: ya no como, ni estudio, ni duermo, y dejo media hora plantado a mi novio para leer maaaaaas. jejejeje. Pos eso q esta mu bien, es la obra de arte q todo el mundo debería tener en el salón de su casa al lado de la biblia satanica y del quijote."



"Dios estoy super-hiper-megacosmica enganchadisimaaaaaaa!!! Jeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!! Necesito mi ración diariaaaaa!!! Jaaaaaaa, dame unos capítulos pa ponermeeeeee!!! Ya llevo 230 paginas o así, creo q estoy al borde de la enfermedad y la locuraaaaa!!!"



"Me parece que Rowling no te va a poder superar, pobrecilla, de cabeza a la depresión."



"Es espectacular!!!! Me ha encantao! En general esta muy pero q muy bien, muchas aventuras, has tocado todos los temas y has cerrado todo lo que estaba en el aire. En cierto modo pienso q habiendo leído tu historia quizás no me guste la verdadera."



"Felicidades. nini, cuando sari dice que el final que escriba rowling no nos va a gustar tanto... tiene razón. Tenias que haber sido tu la hacedora de esta historia... y convertirte en la mujer mas rica de Europa, mas que la reina de Inglaterra."



"Me mordía los muñones"


"¿Para cuando tu libro?"


burlarse


Última edición por Ninotchka el Sáb Jun 06, 2009 1:33 am, editado 1 vez
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Miér Jun 24, 2009 3:12 pm

Bueno, yo sigo a mi rollo como si lo leyerais Very Happy Very Happy Very Happy

Capítulo siguiente...
Spoiler:





— CAPÍTULO 7 —
El último curso



Era la primera vez que Harry, Ron y Hermione iban al andén nueve y tres cuartos solos, sin la compañía de un grupo de adultos ansiosos y preocupados por su seguridad. En esta ocasión, ellos eran los adultos. Harry se sentía extraño cuando recordaba que ya no era un niño, que legalmente la sociedad mágica le consideraba un hombre; pero más extraño se sintió cuando, al subir al Expreso de Hogwarts, se dio cuenta de que era la última vez que subía a ese tren en aquella estación.

En el andén se encontraron con el señor y la señora Weasley, que habían ido a despedir a Ginny. Ella ya había subido al tren; Harry se sintió dividido entre su decepción por no poder verla y su alivio por no tener que verla. Estaba empezando a cansarse de tener la mente, o las entrañas, o el corazón, tan hechos un lío. Sin embargo, se ahorró tener que pensar mucho en aquello gracias al lloroso abrazo de la señora Weasley, que, una vez más, le pidió entre lágrimas que tuviese mucho cuidado y no se pusiera en peligro.

— Sí... claro — dijo, ausente, mientras la señora Weasley le apretaba tan fuerte que pensó por un momento que se le iban a salir los ojos de las órbitas.

— Harry — dijo simplemente el señor Weasley, estrechándole la mano. Harry también se limitó a asentir: ambos sabían, sin necesidad de decírselo, que Harry no pensaba mantenerse a salvo y en el colegio todo el curso.

— ¡Y tú, no quiero enterarme de que has hecho algo peligroso! — exclamó la señora Weasley abrazando a Ron, que prefirió no responder. Hermione hizo una mueca burlona que, afortunadamente, la señora Weasley no llegó a ver.

— Adiós, señora Weasley...

— Adiós, adiós, Hermione, querida... Cuida de estos dos, ¿de acuerdo? Vigílalos de mi parte.

— Claro — mintió Hermione. Esta vez la mueca apareció en el rostro de Ron.

Ron y Hermione tuvieron que ir al vagón de los prefectos, y Harry recorrió el pasillo, arrastrando su baúl, buscando un compartimento vacío. El tren no estaba tan concurrido como en cursos anteriores: Harry supuso que muchos alumnos de Hogwarts (o, más probablemente, sus padres) habrían decidido no regresar al colegio aquel año, después de lo ocurrido el curso anterior. Los compartimentos estaban todos medio vacíos; no había en ninguno de ellos más de dos o tres personas. Al parecer, los pocos que se habían animado a acudir a Hogwarts aquel año deseaban, como él, estar a solas. Harry no se animó a unirse a ninguna de las personas que vio en su paseo por el Expreso, y que lo observaban sorprendidos cuando pasaba, como si no esperasen volver a verlo. Y bien, la gente era menos tonta de lo que parecía en ocasiones.

Al final del tren encontró, por fin, un compartimento vacío, y se sentó después de colocar el baúl en la rejilla del equipaje. Por un lado, echaba de menos la compañía de Ron y de Hermione, después de pasar los últimos trece meses sin separarse apenas de ellos; por otro, tampoco tenía muchas ganas de estar con nadie. Exactamente lo mismo le pasaba con la perspectiva de volver a Hogwarts: deseaba más que nada ver el castillo, recorrer sus pasillos, sus terrenos, la cabaña de Hagrid, el campo de Quidditch... era el único lugar donde había sido completamente feliz. Pero volver a Hogwarts sin Dumbledore...

Sacudió la cabeza, y se recostó en el asiento. Ya había pensado demasiado en aquello; ya iba siendo hora de dejar a un lado la pena por la muerte del anterior director del colegio. Tenía cosas más importantes de las que preocuparse.

¿Dónde habría escondido Voldemort sus Horcruxes? ¿Y a qué tendría que enfrentarse cuando los encontrase? ¿Quién era R.A.B.? ¿Habría destruido el medallón antes de morir? ¿Habría muerto realmente, o habría conseguido escapar? Y, lo que era más importante aún, ¿cómo encontraría a Voldemort después de destruir todos los Horcruxes, y cómo conseguiría matarlo?

No se hacía muchas ilusiones a este respecto: pese a ser legalmente un hombre, comparado con Voldemort era un bebé. Mientras que Voldemort había tenido setenta años para perfeccionar su dominio de la magia, hacía apenas seis que él sabía que era un mago. Y Voldemort no había tenido reparos en profundizar en su conocimiento de las Artes Oscuras, mientras que él, Harry, sólo había realizado en su vida dos maldiciones, la cruciatus que intentó lanzarle a Bellatrix Lestrange hacía poco más de un año, y que no funcionó, y la sectumsempra con la que estuvo a punto de matar a Draco Malfoy. Para un joven de su edad era mucho, pero ¿sería suficiente para matar al mago tenebroso más poderoso de los últimos siglos? Si tenía que apostar, diría que no.

Entonces, ¿qué se suponía que debía hacer para acabar con él? Dumbledore no le había enseñado nada para cuando estuviera frente a frente con Voldemort. De hecho, no parecía haberle dado mucha importancia. Quizá no había contado con morir antes de enseñarle algo que le fuera verdaderamente útil, pero Harry creía que Dumbledore nunc había tenido intención de mostrarle nada más allá del gran secreto de Voldemort: su alma dividida. Dumbledore contaba con ese "poder que el Señor Tenebroso no conoce" para que Harry consiguiese vencerlo... ¿Acaso su antiguo director esperaba que Harry acabase con Voldemort queriéndolo mucho?

No veía cómo el amor podía luchar, e incluso vencer, al poder de Voldemort. Sin embargo, quizás debería investigarlo un poco más... ¿No habría algún hechizo, algún encantamiento de gran poder, que tuviera su base precisamente en el amor? Al fin y al cabo, si él había sobrevivido al primer ataque de Voldemort había sido precisamente por amor, por el amor de su madre... ¿Y no se había salvado hacía dos años gracias al amor de sus padres, que le habían ayudado a escapar de Voldemort y sus mortífagos aún siendo unas simples sombras surgidas de su varita? Dumbledore tenía razón: el amor era poderoso. ¿Pero tanto como para hacer algo más que huír de Voldemort, y seguir huyendo? ¿Tanto como para acabar con él? Harry lo dudaba.

Permaneció quieto, sentado con las piernas dobladas y abrazándose las rodillas, mirando por la ventana el cambiante paisaje que pasaba a toda velocidad ante sus ojos. Parecía imposible que él mismo, esa persona que en esos momentos estaba tan relajada en un tren, fuera la misma que, antes o después, tendría que enfrentarse a muerte con un mago tan poderoso y maligno que la gente no se atrevía ni siquiera a decir su nombre... Pero así era, y, al imaginarse la escena, un escalofrío de pánico le recorría toda la espina dorsal. Pánico porque en su interior sabía que no era posible que sobreviviese a ese enfrentamiento. Pese a la fe que había depositado en él Dumbledore, Harry sabía que no sería capaz de vencer a Voldemort. Y bien, Dumbledore también había confiado mucho en sí mismo, en sus fuerzas, en su poder, en Snape... y había acabado tirado al pie de la Torre de Astronomía.
La imagen del cuerpo de Dumbledore caído, desmadejado como una muñeca rota, yaciente en la explanada delantera del castillo le perseguía cuando estaba con la guardia baja, ya fuera en sus sueños o en sus momentos de vigilia. En esos momentos se superponía a la campiña que se veía más allá del cristal, y a su propio reflejo, que podía contemplar con poca nitidez contra la claridad atenuada por las nubes del exterior. En su retina se imprimía indistintamente la imagen de las colinas amarillentas por la cercanía del otoño y la sequedad del verano, el rostro de Dumbledore con un hilillo de sangre resbalándole por la comisura de la boca, y el suyo propio, pálido, grave, con los ojos brillantes tras las gafas redondas y la cicatriz en forma de relámpago nítidamente dibujada en su frente. El rebelde mechón de cabellos negros que le caía sobre los ojos dibujaba una curva similar a la de aquella colina que se veía en el horizonte, y a la nariz partida de Dumbledore, bajo los ojos cerrados... Y las gafas redondas del reflejo eran exactamente de la misma forma que aquellos dos peñascos que había junto a la vía, y el doble que las gafas de media luna que descansaban, torcidas, sobre esa nariz ganchuda...
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Miér Jun 24, 2009 3:12 pm

Spoiler:


— ¿Harry? Harry, ¿te pasa algo?

Parpadeó, sorprendido, y apartó la vista de la ventana. En la puerta entreabierta del compartimento, con una expresión ceñuda, preocupada, estaba Ginny.

— Ah... hola — murmuró. Sacudió la cabeza para librarse de las imágenes que poblaban su mente.

— ¿Estabas dormido? — preguntó Ginny, entrando en el compartimento y sentándose a su lado.

— No estoy muy seguro — confesó él, pasándose la mano por el pelo, y esbozó una sonrisa vacilante. Ginny sonrió a su vez.

— Tienes que estar muerto de aburrimiento, tú solo aquí — dijo —. ¿Dónde están Hermione y Ron?

— En... en el vagón de los prefectos — contestó él.

— Ah — dijo Ginny. Hizo una mueca —. Claro. Y seguro que se han quejado mucho por tener que ir, ¿no? "Nosotros no queremos dejarte solo... pero es que nos obligan a ir..."

— Sí, algo así — asintió Harry encogiéndose de hombros.

— Ya. Bueno — dijo Ginny, y estiró las piernas descuidadamente —. ¿Y Neville y Luna? Pensaba que siempre viajabas con ellos en el tren...

— Sí, bueno... No los he visto — respondió Harry.

Ginny lo miró con los ojos entrecerrados.

— No los has visto — repitió —. ¿Sabes?... si los hubieras buscado, a lo mejor sí que los habrías visto. Están en el compartimento de enfrente.

Harry abrió la boca para hablar, pero Ginny lo interrumpió.

— No hace falta que me lo expliques — dijo, y su sonrisa se desvaneció —. Si quieres estar solo, me parece muy bien. Sólo espero que no estés rehuyendo a la gente para no ponerla en peligro.

Harry la miró, sorprendido. Ginny había hablado con una amargura y una rabia desconocidas para él.

— No puedes querer ser el protector de todo el mundo, Harry — dijo en voz baja, y le dirigió una mirada triste —. La gente tiene que saber protegerse a sí misma. Además, si intentas ser el guardaespaldas de todos, algún día, inevitablemente, fallarás. Y entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Sentirte culpable por cada una de las muertes que se produzcan? ¿Alejarte un poco más de la gente que te quiere con cada asesinato? Porque mucho me temo que vas a estar bastante solo, Harry.

Él negó con la cabeza.

— Ginny, ya te he dicho que...

— Sí, ya — ella hizo una mueca de impaciencia —. Que Quien—Tú—Sabes podría ir detrás de mí porque blablabla y todo eso. Está bien, Harry — suspiró —. Aunque a lo mejor llega un día en el que mando todos tus blablablas al cuerno, ¿sabes? Tengo mucha práctica en ignorar lo que la gente intenta obligarme a hacer — sonrió —. No puedes reprochármelo: crecí con Fred y George. Lo mío era una cuestión de supervivencia.

— Ginny...

— Es igual —. Ella hizo un gesto evasivo —. No he venido a hablar de eso. En realidad, tengo un mensaje para ti. Bueno, para los dos.

Harry frunció el ceño. — ¿Un mensaje para los dos? ¿Y quién...?

Ginny sonrió, burlona.

— ¿Acaso no lo adivinas? — preguntó, socarrona —. Slughorn.

— ¿Slughorn? — repitió Harry, desconcertado por un instante. Ginny hizo una mueca.

— ¿Qué otro podría decir...? espera —. Se metió la mano en el bolsillo y sacó un trozo de pergamino doblado, del que colgaba, desmayada, una cinta de color malva. Lo desdobló, se aclaró la garganta y leyó: — Mi encantadora pareja de tortolitos: Estaría encantado de que aceptáseis reuniros conmigo a la hora de la comida en el compartimento C, para compartir un bocado y un rato de interesante charla. Sinceramente, Profesor H.E.F. Slughorn.

Harry soltó un gruñido mientras Ginny volvía a doblar el pergamino.

— No sé por qué, pensaba que Slughorn habría dejado de buscar miembros para su club — dijo Harry.

— Yo esperaba que no hubiera vuelto al colegio — dijo Ginny —. Pero desde luego se ve que no ha cambiado nada, a pesar de todo.

— Sí, bueno — Harry se encogió de hombros —, a estas alturas no se va a inventar una nueva forma de ser, ¿verdad?

— No, supongo que no — respondió Ginny —. Bueno — añadió, mirando a Harry directamente a los ojos —, ¿qué hacemos?

Harry miró al techo.

— No sé — dijo —. ¿A ti te apetece ir?

— ¿Estás loco? ¿Por quién me tomas? — exclamó Ginny, fingiendo horrorizarse. Harry rió.

— Ya lo imaginaba —. Esbozó una sonrisa —. ¿Y cómo nos libramos de esta? No puedo inventarme un entrenamiento de Quidditch en el tren...

— No, supongo que no — asintió Ginny —. Me imagino a una bludger suelta por el pasillo... acabaríamos todos el viaje escondidos debajo de los asientos.

— Además, qué desperdicio — dijo Harry —. Ni siquiera iba a tener la oportunidad de machacarle un poco la cabeza a Draco Malfoy...

— A Crabbe y a Goyle tampoco — dijo Ginny —. No han vuelto ninguno de los dos. Lástima. Un golpe de bludger en la cabeza no podría sino hacerlos mejorar. Igual hasta se volvían listos y todo.

— Más que una bludger debería ser un canto rodado — rió Harry —. ¿Y por qué no habrán vuelto...?

Ginny se encogió de hombros. — Ni idea — contestó —. A lo mejor no querían pasar un año en Hogwarts sin Malfoy, no sé... Supongo que no tendrán ni idea de cómo levantarse siquiera de la mesa cuando él no les explica cómo hacerlo.

— Imagina — dijo Harry —. Qué par de bobos. Para una vez que estaban seguros de que Malfoy no los iba a tener todo el curso transformados en niñas de primero...

— Igual es que les gustaba — rió Ginny —. Su identidad perdida. Pobres... No merece la pena volver a Hogwarts si no pueden pasearse por los pasillos con una túnica cortita.

Harry soltó una carcajada.

— Bueno — continuó Ginny —, si vamos a lo de Slughorn, por lo menos no tendrás que quedarte aquí solo, esperando a mi hermano y a Hermione, ¿no?

— Supongo — se encogió de hombros —. Aunque no me apetece nada escucharle decir que el mundo se ha hundido porque tú y yo ya no estamos juntos.

Ginny lo miró, enarcando una ceja.

— ¿Crees que lo dirá?

Harry levantó la mirada, como poniendo al techo por testigo, y suspiró.

— No tengo ni la más mínima duda — sentenció.

Y, efectivamente, Slughorn pareció desolado cuando comprendió, por fin, que aunque Harry y Ginny habían acudido juntos a su compartimento, ya no eran su "encantadora pareja de tortolitos". Harry, avergonzado hasta el extremo, deseó por un momento meterse debajo de cualquiera de los asientos del compartimento cuando Slughorn les pidió explicaciones delante de un grupito de cinco o seis alumnos de Hogwarts (entre los cuales, para horror suyo, estaba Blaise Zabini, de Slytherin). Sintió que toda la sangre de su cuerpo trepaba hasta su rostro, que debía estar encendido como una bombilla. Por lo que pudo ver por el rabillo del ojo, ya que no se atrevía a mirarla directamente, Ginny tenía el mismo problema: no se le distinguía la piel del pelo, tan roja estaba.
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Miér Jun 24, 2009 3:13 pm

Spoiler:


— Bueno — dijo Slughorn, animándose de golpe, mientras Harry y Ginny se sentaban apretujados en el único asiento libre que quedaba, embarazados —. No importa. Sólo hay que veros para descubrir que ha sido por una tontería... Y yo, personalmente, voy a encargarme este curso de que volváis a estar juntos —. Guiñó un ojo en dirección a ellos —. Si vosotros no sabéis lo que os conviene, alguien tendrá que velar por ello... No os preocupéis, tengo experiencia en estos asuntos — añadió, sonriente, como si le hiciera mucha ilusión arreglar la vida de Harry y de Ginny, quisieran ellos o no —. Una vez, Morris Drexton... ya sabéis, el presidente de Fluxton, la multinacional distribuidora de Polvos Flu... Morris Drextyle tuvo una pelea absurda con su novia, Darrell Galvestyle, algo sobre que él había dicho alguna inconveniencia delante de los padres de ella... Bueno, gracias a mí, se casaron a los dos meses. La boda fue portada de Corazón de Bruja, incluso hicieron un especial de doscientas páginas, y el Pensarecuerdo se vendió como si fuera un auténtico bien de primera necesidad. Fue número uno en la lista de los Pensarecuerdos más vendidos durante un año entero. Y, hace veinte años, Dolly Lolly, la solista de Akelarre Nokturno, se enamoró de un fan de Las Hijas de Samantha y tuve que intervenir yo... No diré cómo lo hice, porque estropearía la sorpresa, pero estuvieron juntos diez años, hasta que a él lo asesinó un fanático enamorado de ella...

Harry lanzó una mirada de soslayo a Ginny, que le dirigió una mueca divertida, mientras Slughorn continuaba hablando de los reencuentros amorosos que había propiciado entre la gente más selecta y famosa. Echando un vistazo a su alrededor, comprobó que, al igual que el año anterior, Slughorn había buscado entre los alumnos de Hogwarts a los que era más probable que se convirtieran en una "persona importante", o, al menos, en lo que Slughorn consideraba importante. Aparte de Blaise Zabini, el muchacho de séptimo de Slytherin que formaba parte del Club Slug, como Harry y Ginny (aunque con mucho más entusiasmo que ellos dos) desde el curso anterior, había un chico y una chica que Harry recordaba haber visto en los pasillos de Hogwarts. Eran más jóvenes que ellos: Zabini y Harry eran los únicos alumnos de séptimo que habían acudido al compartimento de Slughorn. Hermione debía haber conseguido excusar su presencia, quizás inventándose algún deber como prefecta que tuviera que llevar a cabo a la hora de la comida (probablemente para no dejar solo a Ron, que nunca había llamado la atención de Slughorn), y, evidentemente, Cormac McLaggen ya no estaban en el colegio, porque había terminado séptimo el año anterior.

— ¿...McLaggen, señor? — preguntaba Zabini en esos momentos, causándole un sobresalto a Harry: por un instante tuvo la sensación de que le había leído la mente.

— Oh, sí — dijo jovialmente Slughhorn, y les pasó a Ginny y a Harry un vaso lleno a rebosar con un líquido de color ambar y olor dulce —. Bueno... me alegra poder decir que ha empezado su nueva vida de adulto con bastante éxito —. Sonrió —. Ha conseguido trabajo en seguida, nada más salir de Hogwarts, la verdad... incluso sin los ÉXTASIS, que no pudo hacer el año pasado porque... bueno — carraspeó —. Aunque yo habría esperado que entrase en el Ministerio, teniendo tan buenos contactos... ¡Su familia es amiga personal del mismísimo Ministro! Pero en fin — añadió —, cada uno tiene que encontrar su propio camino para ascender... ¿Quién sabe si no llegará mucho más lejos de este modo?

— ¿Qué es lo que está haciendo, señor? — preguntó Zabini —. ¿Dónde trabaja?

La sonrisa de Slughorn se ensanchó, y sacudió un dedo ante Zabini, exactamente del mismo modo indolente y falsamente reprensivo que Harry le había visto hacerlo frente a Tom Ryddle. — No puedo decirte nada por ahora, Blaise — dijo, y dio un sorbo a su propio vaso —. Es un secreto... ya lo descubriréis, a su debido tiempo. Pero bueno — dejó su vaso y miró a todos los que lo rodeaban —, dejemos eso. A vosotros — señaló a Harry y a Zabibi — sólo os queda un año para descubrir cómo queréis llegar a donde, seguro, va a llegar él... ¿Tenéis algo pensado?

Zabini negó con la cabeza. Harry ni siquiera se molestó.

— Tú, Harry, mi niño, supongo que seguirás con la idea de ser auror...

Harry se encogió de hombros, ignorando el bufido de Zabini.

— Bueno — continuó Slughorn, pasándole una bandeja llena de lo que parecían canapés de caviar al muchacho que Harry no conocía, que la cogió con manos temblorosas —, ya sabes que tengo muy buenos contactos en el Ministerio, y de hecho el nuevo jefe de los aurores, Gawain Robards, es primo de uno de mis alumnos predilectos, Jamie Robards... Si necesitas que te ponga en contacto con él...

— Ya me lo ofreció Scrimgeour, gracias — musitó Harry, omitiendo que, probablemente, el Ministro de Magia ya no estaría tan dispuesto a recomendarle a la Oficina de Aurores.

— Ah... — Slughorn lo miró, con las cejas arqueadas, aprobador —. Muy bien, Harry, veo que no vas a esperar a acabar séptimo para empezar a abrirte camino, ¿eh?... Bien... Siempre hay que tener buenos contactos, mi niño, aunque debo decir que no he conocido a muchos que tengan unos contactos como los tuyos... ¡Pero claro, tampoco he conocido a muchos jóvenes de tu edad que sean tan conocidos!

Slughorn soltó una risita aguda, y Harry le sonrió con desgana.

— De cualquier modo — continuó Slughorn —, si en algún momento necesitas algo, cualquier cosa, no dudes en pedírmelo, mi querido muchacho.

Lo miró, anhelante, como si esperase que en ese mismo momento Harry saltase de su asiento para implorarle su intercesión en pro de su futuro profesional. La sonrisa de Harry se hizo más amplia, y también más sincera; de hecho, estuvo a punto de reír.

— Lo tendré en cuenta, señor — respondió, intentando no mirar a Ginny, que se tapaba la boca para ocultar su propia risa.

— ¿Y tú, Blaise? — Slughorn se volvió hacia Zabini, que se embutió en la boca apresuradamente el trozo de pan untado con queso que tenía en la mano, y estuvo a punto de atragantarse —. ¿Qué has pensado para cuando salgas de Hogwarts?

— Eh... — Zabini tragó con gran esfuerzo, los ojos llorosos —. Bueno... Había pensado en... También había pensado en ser auror — terminó.

Harry, sorprendido, miró por el rabillo del ojo a Ginny, que tenía una ceja arqueada y miraba a Zabini con gesto de incredulidad.

— ¿De veras...? — Slughorn parecía tan sorprendido como ellos dos; su bigote tembló cuando su sonrisa vaciló un instante —. No podía imaginármelo... ¿Siempre has tenido esa idea?

— Eh... Bueno, se me había ocurrido — contestó Zabini evasivamente, y cogió otro canapé, en opinión de Harry para evitar tener que contestar más extensamente.

— Vaya, vaya — exclamó Slughorn, sonriendo ampliamente y paseando la mirada de Zabini a Harry —. ¡Mis dos pupilos mayores, los dos aurores! Bueno, es fantástico, fantástico — dijo, levantando su vaso en dirección a ambos —. Hacen falta muchos aurores estos días... y estoy seguro de que los dos conseguiréis entrar en el Ministerio. Vaya, vaya — repitió —. ¡Aurores!... Tendré que hablar con Gawain Robards... Sí, tendré que hablar con él. Nunca está de más una ayuda suplementaria, ¿verdad? — preguntó, y guiñó un ojo a Harry, que asintió en un acto reflejo.

"Bien, bien... — continuó Slughorn —. ¿Y la señorita Weasley? ¿También quiere convertirse en un auror?

Ginny hizo una mueca, al parecer para ocultar la risa silenciosa, y a duras penas fue capaz de poner una expresión de seriedad.

— No... No lo he pensado todavía, señor — dijo —, pero no lo creo. No me atrae demasiado eso de cazar magos tenebrosos...

— Oh... ¿Con la maestría que tienes para lanzar ese Hechizo Mocomurciélago? Vaya... — dijo Slughorn, un poco decepcionado —. Bueno, supongo que es lo mejor. Siempre he dicho que compartir profesión con tu pareja no es lo más adecuado para la relación, ¿verdad? — y, con una amplia sonrisa, guiñó de nuevo el ojo, esta vez en dirección a Ginny, que se sonrojó levemente.

"Bien. ¿Habéis oído, chicos? — preguntó, dirigiéndose a los dos muchachos que Harry no conocía, y que los observaban a él y a Ginny con curiosidad —. A vosotros todavía os quedan unos años para tener que haceros esta pregunta... pero nunca está de más que empecéis a ver qué queréis hacer cuando salgáis del colegio. ¿No es cierto, Michael?

El muchacho, que debía estar en cuarto o en quinto, abrió mucho los ojos y asintió enérgicamente, tanto que se le resbalaron las gafas y se le quedaron colgando de una oreja. Ruborizado, se las enderezó y guardó silencio. La chica que se sentaba a su lado, por el contrario, soltó una risita estridente que a Harry le taladró el oído derecho y le produjo unas inexplicables ganas de gritarle algo muy desagradable.

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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Miér Jun 24, 2009 3:15 pm

Spoiler:


— Sí, Doreen; cuanto antes empecéis a planteároslo, antes podremos ver qué camino es el mejor para que consigáis lo que queréis —. Slughorn se volvió hacia Harry y Ginny —. Doreen Gerber y Michael Hougan ya estuvieron el año pasado en alguna de nuestras pequeñas reuniones, no sé si os acordaréis...

Harry no dijo nada; Ginny negó con la cabeza.

— ¿No?... Bueno, Michael es el sobrino favorito de Ken Hougan, ya sabéis quién es... ¿No?... El director de San Mungo, es muy famoso... Apuesto lo que queráis a que Michael acaba siendo el Sanador más prometedor de su generación.

— Bueno — Michael Hougan se encogió de hombros y estuvo a punto de volver a tirarse las gafas —, en realidad a mí lo que me gustaría es jugar a los Gobstones profesionalmente...

— Ah, bah — Slughorn hizo un gesto de indiferencia con la mano —, eso no te iba a llevar a ninguna parte... Si al menos fuera Quidditch...

Michael pareció encogerse varios centímetros. Murmuró algo que a Harry le sonó como "Es que no me quisieron en el equipo de la casa...".

— Nada, nada — dijo Slughorn —. Ya me encargaré yo de que tu tío sepa el tesoro que tiene en casa... Bueno, en casa de su hermana — sonrió —. Y el abuelo de Doreen...

Harry desconectó completamente de la conversación antes de enterarse de qué hacía tan especial al abuelo de Doreen Gerber. La voz de Slughorn, entusiasmada, subía y bajaba de tono, despejándolo en ocasiones y sumiéndolo en un letargo apacible que intentaba disimular como podía en otras. No era fácil: Slughorn parecía tener la necesidad de dirigirse a él cada pocos minutos, pero Harry poco a poco empezó a cogerle el ritmo y a aparentar estar tremendamente interesado a intervalos regulares, de forma que el profesor nunca le sorprendía soñando medio despierto.

Consiguieron salir del compartimento de Slughorn bien avanzada la tarde, cuando los rayos de sol que se filtraban por las ventanas del tren ya se habían teñido de un intenso color rojo como la sangre. Ginny y él recorrieron el expreso medio vacío sin saber muy bien en qué estado de ánimo se encontraban. Al menos, así se sentía Harry: por un lado, estaba exasperado y aburrido por Slughorn y su manía de reunir a su "Club" (y de empeñarse en incluírle a él); por otro, la actitud del profesor le resultaba hilarante, cuando no francamente divertida.

— Ha sido... interesante — dijo Ginny, siguiendo el hilo de sus pensamientos —. Cuanto menos.

— Sí — asintió Harry mientras recorrían el pasillo en dirección a su compartimento —. Sobre todo la parte de los contactos de Slughorn en la Liga Profesional de Gobstones... Al final, seguro que Hougan consigue quitarle la idea de convertirle en Sanador.

— Seguro — dijo Ginny, abriendo la puerta del compartimento —. Oye, ¿ por qué crees que Zabini quiere ser auror? No le pega nada, la verdad.

— No, la verdad es que no — respondió Harry, frunciendo el ceño, mientras entraba en el compartimento detrás de Ginny —. Siendo amigo de Malfoy, más bien le pega lo contrario...

— ¿De qué estáis hablando? — preguntó Hermione desde el asiento junto a la ventana, levantando la mirada de su eterno ejemplar de El Profeta.

— Nah, Zabini — respondió Ginny sentándose a su lado —. Que ahora le ha dado por ser auror, ya ves...

— ¿En serio? — preguntó ella, doblando el periódico.

— Sí, se lo ha dicho a Slughorn hace un rato...

— ¿Habéis estado con Slughorn? — preguntó Ron, apartando la vista de la ventana y clavándola en Harry y en Ginny. Harry desvió la mirada, incómodo.

— Sí — tuvo que admitir Harry —. Nos invitó a comer, ya sabes, como el año pasado...

— Por cierto, Hermione — dijo Ginny —, ¿cómo has conseguido librarte de venir esta vez?

— Ah, le dije que tenía que patrullar los pasillos del tren para vigilar a los alumnos — contestó Hermione.

— Me lo imaginaba — dijo Ginny —. ¿Por qué? Pensaba que te habían acabado gustando las reuniones del "viejo Slug" — añadió, imitando magistralmente el tono exaltado del profesor de Pociones.

— Sí, bueno — dijo Hermione, encogiéndose de hombros —. Pero es que no quería...

— ¿...dejar solo a Ron? — preguntó Ginny, señalando a su hermano, que había cogido El Profeta de Hermione y miraba la portada con los ojos vidriosos.

— Qué va, si a mí también me ha invitado — respondió él sin apartar los ojos del periódico. Al notar la mirada sorprendida de Harry y Ginny, se metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y extrajo un trozo de pergamino exacto al que Ginny le había mostrado a Harry horas antes, con la misma cinta de color malva. Harry alargó el brazo y lo cogió para leerlo.

— No hace falta — dijo Hermione, recostándose en el asiento con una media sonrisa —. Me la sé de memoria.... Ha estado leyéndomela cada cinco minutos desde que la ha recibido. Estimado señor Weasley: Me encantaría que vinieras al compartimento C para comer y compartir un rato agradable con algunos compañeros tuyos. Atentamente, Profesor H.E.F. Slughorn.

Ginny soltó una risita.

— ¿Y por qué de repente te ha invitado, Ron? — preguntó, burlona —. No parecía hacerte mucho caso el año pasado...

— Ni idea — Ron se encogió de hombros, con los ojos fijos en la portada de El Profeta —. Pero a mí ya no me apetece formar parte del "Club Slug". Menudo idiota...

— A lo mejor se siente culpable por envenenarte, y por eso te ha invitado — sugirió Harry —. Como no había vuelto a invitar a nadie a una reunión desde entonces, no ha podido compensártelo antes...

— Puede ser — respondió Ron, indiferente, y volvió una página para leer un artículo del periódico.

— ¿Qué te pasa? — preguntó Harry, extrañado.

— Bah, déjalo — dijo Ginny, haciendo una mueca —. Ha madurado de golpe y no sabe cómo asumirlo.

Ron ni siquiera se molestó en contestar.

— De todas formas — dijo Hermione, frunciendo el ceño —, eso de Zabini me huele mal. ¿Cómo es que de repente ha pasado de ser el mejor amigo de Malfoy a querer ser un auror?

— A lo mejor, con todo lo que pasó aquella noche, algunos de los amigos más cercanos de Malfoy decidieron que en realidad no querían estar en el mismo bando que él... — sugirió Ron, levantando por fin la vista del periódico y lanzándolo a un lado. El Profeta quedó sobre el asiento, medio doblado.

— ¿Por qué? — preguntó Hermione, escéptica —. No creo que se hayan asustado de repente... Ya debían saber cómo se las gastan los mortífagos antes de que entrasen en Hogwarts.

— Sí, pero lo que no sabían es que eran capaces de meter a Greyback en el colegio — dijo Ron —. Greyback sólo hirió a Bill, pero perfectamente podría haberse comido a la mitad del alumnado.

— Sí — asintió Harry, recordando con un escalofrío al hombre lobo demente que había aparecido en lo alto de la Torre de Astronomía, con los dientes afilados chorreando sangre —. Greyback le dijo a Dumbledore que esa era precisamente su intención. Quizás Zabini se haya asustado al comprender que los mortífagos no tienen respeto por la vida de nadie, ni siquiera de la gente que les apoya.

— Mmm... No sé — dijo Ginny, pensativa —. No me ha dado la impresión de estar muy convencido, de todas formas.

— ¿Qué quieres decir? — preguntó Hermione.

— Que, cuando ha dicho que quería ser auror, no tenía la misma cara que Harry y Ron aquí presentes cuando dicen lo mismo — contestó Ginny —. A ellos se les ilumina la cara, da la impresión de que están teniendo una experiencia religiosa o algo así. Zabini no tenía esa cara. Más bien parecía como si no quisiera hablar mucho del tema... Y eso no les pasa a Harry y a Ron.

— No, eso es evidente — dijo Hermione en el mismo tono ligeramente burlón —. Pero si Zabini ha dicho que quiere ser auror para disimular delante de Slughorn, o del resto de vosotros... No sé, tampoco tiene mucho sentido.

— ¿Por qué? — preguntó Harry.

— Porque Zabini no es tonto del todo, y tiene que saber que, diciendo que quiere ser auror, iba a llamar la atención. Para disimular, podría haber dicho que quiere meterse en el Ministerio, no sé, o lo que quiera que hicieran sus padres.

— Casarse con mucha gente y llevarse toda la herencia después de que mueran en circunstancias sospechosas — apuntó Ginny.

— Pues eso.

— Supongo que Zabini se habrá dado cuenta de que con esa jeta no iba a poder encontrar muchas mujeres ricas dispuestas a juntarse con él — dijo Ron con sorna.

— Alguna tonta habría — contestó Ginny —. Las chicas de Slytherin no parecen mirarlo con malos ojos...

— Sí, bueno, pero es que esas son capaces de mirar con buenos ojos incluso a Crabbe y a Goyle — dijo Hermione con un bufido. Ginny hizo una mueca de asco.

— No sé — dijo Harry, pensativo —. A lo mejor tienes razón, Hermione. Si Zabini quería disimular algo delante de Slughorn, no habría elegido decir que quería ser auror.

— Claro que no — dijo Hermione.

— Pero — continuó Harry —, a lo mejor no quería disimular...

— Harry — dijo Ginny —, tú lo has visto igual que yo. Zabini no tiene ninguna gana de ser auror. Se le ha notado a distancia, hombre.

— Ya, ya — admitió Harry —. Pero se me ocurre que a lo mejor Zabini sí tiene intención de convertirse en un auror. Aunque no le apetezca.

Hermione, Ron y Ginny lo miraron un momento, sin comprender.

— Si Zabini era uno de los amigos de Malfoy — explicó Harry —, entonces puede ser que también él esté en contacto con Voldemort... y, si disimula y hace ver que se ha alejado de él, si consigue entrar en la Escuela de Aurores, entonces tendrá una oportunidad de oro de convertirse en un espía a las órdenes de los mortífagos.

Ginny siguió mirándolo sin decir nada. Ron parecía estar considerando la posibilidad. Hermione, sin embargo, suspiró.

— Harry — dijo —, tú ves complots y planes de los mortífagos por todas partes...

— Bueno, y a veces tengo razón, ¿no? — la interrumpió él bruscamente —. El año pasado no me hicísteis ni caso cuando pensaba que Malfoy era un mortífago y que planeaba algo, y después...

— Ya, Harry, ya lo sé — asintió Hermione —. Pero no creo que Voldemort se dedique a reclutar alumnos de Hogwarts para que asuman esas responsabilidades... Creo que Malfoy fue una excepción.

— No estoy tan seguro — negó Harry —. Puede ser que Voldemort haya decidido empezar a hacerse una cantera con sus seguidores más jóvenes... Al fin y al cabo, seguro que se acuerda de que él, a los diecisiete años, era bastante capaz de cometer actos bastante chungos. Por llamarlos de alguna manera.

Hermione frunció el ceño.

— Sí, Voldemort era bastante poderoso a esa edad — dijo, y volvió a suspirar, estirando las piernas —. Bueno, si tienes razón, Harry, y Zabini es uno de los "cachorros" de Voldemort, será mejor que Ron y tú consigáis entrar también en la escuela de aurores... ¿Quién mejor que vosotros para tenerlo vigilado?

Harry se encogió de hombros.

— Si de mí depende — dijo en voz baja —, Zabini no va a tener tiempo ni de terminar sus ÉXTASIS.

— ¿Te lo vas a cargar, o qué? — preguntó Ginny, divertida.

— No — dijo Harry —. A menos que se ponga muy tonto.




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Fics de Harry Potter

Mensaje por Darth Syrio el Miér Jun 24, 2009 3:23 pm

Lady Ni, ya te llegarán las críticas, : freddy: que hay gente que está leyendo los capítulos. No desesperes. Wink

Un saludo

PD: A ver si me pongo yo con el fic de Harry en el que no es protagonista, que creo que ése no me va a spoilear nada. Very Happy




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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Lady Gibberne el Miér Jun 24, 2009 6:22 pm

Te prometo que lo leere, el tiempo no me sobra llorando llorando llorando llorando llorando
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Miér Jun 24, 2009 11:04 pm

No worries :enrollao:

PD. cat
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Lady Gibberne el Lun Jun 29, 2009 2:07 pm

Por fin me lo he empezado! Voy super atrasada XDDDDD pero lo he empezado.
¡Me encanta el detalle de que Ron y Hermione se queden ahi con el en su casa!
Sigo, sigo...
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

Mensaje por Ninotchka el Jue Jul 02, 2009 11:57 pm

Asias... Wapa
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Re: Harry Poter y la Sombra de la Serpiente

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