El puente de los asesinos, séptimo libro del Capitán Alatriste, ya a la venta

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El puente de los asesinos, séptimo libro del Capitán Alatriste, ya a la venta

Mensaje por Darth Syrio el Jue Oct 27, 2011 7:51 pm

El jueves 27 de octubre ha llegado por fin a las librerías la séptima novela de la saga del Capitán Alatriste, escrita por Arturo Pérez Reverte. El libro se llama El puente de los asesinos. El personaje de Alatriste nació en el año 1996 y, desde entonces, se han publicado las siguientes novelas:

-El Capitán Alatriste.
-Limpieza de sangre.
-El sol de Breda.
-El oro del rey.
-El caballero del jubón amarillo.
-Corsarios de Levante.
-El puente de los asesinos.

Nuevamente veremos las andanzas del Capitán Alatriste, un veterano de los Tercios españoles del siglo XVII, junto al joven Íñigo Balboa, aunque en las últimas novelas ya es un hombre hecho y derecho y curtido en la vida por culpa de las aventuras que ha vivido junto al veterano soldado. En este caso, el argumento es el siguiente según la reseña de la novela: al capitán Alatriste, acompañado del joven Íñigo Balboa, le ordenan intervenir en una conjura crucial para la corona española: un golpe de mano para asesinar al dogo de Venecia durante la misa de Navidad, e imponer por la fuerza un gobierno favorable a la corte del rey católico en ese estado de Italia. Para Alatriste y sus camaradas, el veterano Sebastián Copons y el peligroso moro Gurriato, entre otros, la misión se presenta difícil, arriesgada y llena de sorpresas. Suicida, tal vez; pero no imposible.

En esta novela aparecerá de nuevo el archienemigo de Alatriste, el asesino a sueldo Gualterio Malatesta.



En la web del escritor están colgados los primeros párrafos de El puente de los asesinos para que a los amantes de sus libros se nos haga la boca agua:

"Dos hombres se batían a la luz indecisa del amanecer, silueteados en la claridad gris que llegaba despacio por levante. La isla -poco más que un islote, en realidad- era pequeña y chata. Sus orillas, desnudas por la marea baja, se deshilaban en la bruma que la noche había dejado atrás. Eso daba una impresión de paisaje irreal, como si aquella porción de tierra neblinosa fuese parte misma del cielo y del agua. Las nubes eran pesadas y oscuras y lloviznaban nieve casi líquida sobre la laguna veneciana. Hacía mucho frío aquel veinticinco de diciembre de mil seicientos veintisiete.

-Están locos -dijo el moro Gurriato. Seguía tirado en la escarcha del suelo, envuelto en mi capa mojada, y se incorporaba débilmente sobre un codo para observar a los contendientes. Yo, que acababa de vendarle la herida del costado, permanecía de pie junto a Sebastián Copons, tiritando bajo mi jubón de poco abrigo. Miraba a los dos hombres que, a veinte pasos de nosotros, destocados, a cuerpo gentil pese a lo destemplado del paraje, se acometían espada y daga en mano.

-Dios ciega a quien desea perder -masculló el moro, entre los dientes apretados por el dolor.

No respondí. Estaba de acuerdo en que aquello era un disparate que remataba el otro, el más vasto y sangriento que nos había llevado hasta allí; pero nada podía hacer yo. Ni ruegos ni razones, ni tampoco la evidencia notoria del peligro mortal que corríamos todos, habían logrado evitar lo que estaba ocurriendo en la isla. Una porción de tierra, ésta, cuyo nombre iba que ni pintado a nuestro presente incierto: isla de los Esqueletos, lugar elegido como osario por los habitantes de Venecia para despejar, de unos años acá, sus atestados cementerios. Las huellas estaban por todas partes. Entre la hierba húmeda, el barro y la tierra removida, a poco que se fijara uno, veía asomar restos de huesos y calaveras.

No sonaba otra cosa que el tintineo de los aceros: cling-clang. Mis ojos sólo se apartaban de la escena para mirar lejos, hacia el sur, donde la laguna se abría al Adriático. Pese a que a medida que se asentaba la luz diurna disminuían nuestras posibilidades, me animaba la esperanza de divisar, antes de que fuera demasiado tarde, una manchita blanca en el horizonte: la vela de la embarcación que debía sacarnos de allí, llevándonos a un lugar seguro antes de que nuestros perseguidores, que escudriñaban airados las islas cercanas, diesen con nosotros y nos cayeran encima como perros rabiosos. Y por Dios que no les faltaba motivo. En cualquier caso, ya era sobrado milagro que estuviésemos allí, temblando de frío en aquel islote, con su cuchillada el moro Gurriato pero todavía vivo, mientras el capitán Alatriste ajustaba viejas cuentas pendientes. Los cinco que aguardábamos en la isla -tres de nosotros mirando y los otros dos en lanza de toledanas, como dije- éramos de los pocos que aún podían contarlo. En ese mismo instante, no lejos de allí, otros compañeros de aventura estaban siendo torturados y estrangulados en los calabozos de la Serenísima, colgaban de una soga frente a San Marcos o flotaban en el agua de los canales, tiñéndola de rojo con un lindo tajo en la garganta."


En la web del escritor pueden verse las primeras páginas del libro.

Fuente: Web de Arturo Pérez-Reverte, 20 minutos, lainformacion.com.

¿Qué os parece la noticia? ¿Os gustan los libros del Capitán Alatriste? Podéis dejar vuestros comentarios en el hilo Libros del Capitán Alatriste.

Un saludo




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